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Lecturas infantiles más recientes

El esqueleto

Si no tuviéramos huesos, el cuerpo sería blando y no nos podríamos sostener. Los huesos le dan forma al cuerpo y lo sostienen. El conjunto de los huesos forma el esqueleto.
El esqueleto está formado por 206 huesos.
Los bebés tienen unos 300 huesos. En el interior de los huesos de los bebés hay una materia flexible y blanda. A lo largo de la infancia, esta materia se va transformando en hueso duro, y algunos huesos se sueldan con otros. Los adultos sólo tienen 206 huesos de tamaños y formas muy distintas.

Las articulaciones
Los huesos no se pueden doblar. Sólo se pueden mover unos respecto a otros. El mecanismo que mantiene unidos los huesos entre sí y que permite el movimiento se llama articulación. El codo, la rodilla y la cadera son articulaciones.
Los huesos están formados por una materia dura. Pero si observamos el interior de algunos constatamos que están huecos. De hecho, sólo la parte exterior del hueso es dura. Si fueran en su totalidad de materia dura. El cuerpo pesaría demasiado.

Los músculos
Los músculos son responsables de todos los movimientos del cuerpo. Nos permiten correr, hacer muecas o parpadear, pero también respirar o hacer la digestión.
Los músculos permiten el movimiento. Para doblar un brazo es necesario que las articulaciones permitan el movimiento de los huesos, pero también es necesaria una fuerza que los mueva. Esta fuerza la proporcionan los músculos.
Tenemos dos tipos de músculos. Unos son los que están unidos a un hueso, como el bíceps. Estos músculos tiran de los huesos para que se muevan. Se contraen cuando nosotros queremos.
Los otros músculos se encuentran en la pared de algunos órganos, como el estómago o los intestinos. Se contraen lentamente sin que nos demos cuenta de ello; trabajan sin parar, incluso cuando dormimos.

El corazón también es un músculo
Si ponemos la oreja en el pecho de alguien, oiremos unos latidos que son las contracciones de un músculo: el corazón.
Estos movimientos son regulares y no podemos acelerarlos ni frenarlos a nuestra voluntad. Jamás se paran.
 
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El Cuerpo. México, SEP-Larousse, 2004.
Lectura 344 con palabras
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Pita inventa una palabra

Una mañana Tomás y Anita entraron en la cocina de Pita y la saludaron, pero Pita no contestó. Sonreía con expresión soñadora.
–Perdonen que no conteste; estoy pensando en lo que acabo de descubrir –dijo Pita–. ¡Una palabra nueva!
–¿Qué clase de palabra? –indagó Tomás.
–Una de las mejores que he oído en mi vida.
–Anda, dínosla, Pita –dijeron los niños.
–¡Palitroche! –dijo Pita triunfante.
–¿Palitroche? ¿y qué quiere decir?
–¡Ojalá lo supiera!
–Si no sabes lo que significa, no sirve –dijo Anita.
–Eso es lo que me preocupa –contestó Pita mordisqueándose el pulgar de la mano derecha.
–¿Quién dice lo que significan las palabras? –preguntó Tomás.
–Yo creo que algunos viejitos se reúnen –dijo Pita–, inventan algunas palabras y luego dicen: “Esta palabra quiere decir esto…”
–Pero a nadie –dijo Pita– se le ocurrió una palabra tan bonita como palitroche. ¡Y les apuesto que descubriré lo que significa! Quizá se le pueda llamar así al ruido que hacemos cuando andamos en el lodo: “Cuando Anita anda en el lodo puede oírse un palitroche…” No, no suena bien. Quizá es algo que puede comprarse. ¡Vamos a averiguarlo!
Ya puestos de acuerdo, los tres fueron a una pastelería.
–Quisiera comprar algunos palitroches –dijo muy seria Pita.
–¿Palitroches? –preguntó la señorita que despachaba –creo que no tenemos.
Entraron a una ferretería.
–Quiero comprar un palitroche –dijo Pita.
–¿Palitroche? –dijo el dependiente y sacó un cepillo.
–¡Esto es un cepillo! –exclamó Pita muy enojada–, yo quiero un palitroche.
–Pues no tenemos lo que necesitas, niña, lo siento mucho.
–¡Ya sé! –dijo Pita– Lo más probable es que se trate de una enfermedad. Vamos con el médico.
Como se trataba de un caso grave, la enfermera los hizo pasar inmediatamente.
–¿Qué te pasa? –le preguntó el médico.
–Creo que estoy enferma de un palitroche –dijo Pita.
–Tú tienes más salud que todos nosotros juntos –le dijo el médico–. No te preocupes.
–Pero ¿existe una enfermedad con ese nombre? –preguntó Pita.
–No; pero aunque existiera tú no la tendrías jamás.
Pita, Tomás y Anita salieron desconsolados. Iban con la cabeza baja, pensando que nunca encontrarían un palitroche. De pronto Pita gritó:
–¡Ten cuidado, Tomás, no pises ese animalito!
Los tres miraron hacia el suelo. El animalito tenía un par de alas verdes que brillaban como si fueran de metal.
–No es chapulín, ni grillo –dijo Tomás.
La cara de Pita se iluminó:
–¡Ya sé! ¡Es un palitroche! –gritó triunfante.
–¿Estás segura? –preguntó Tomás.
–¿Crees que no voy a reconocer a un palitroche? ¡Mi querido palitroche! Ya sabía yo que al fin iba a encontrarte. 
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“Pita inventa una palabra”. Español Tercer grado. Lecturas. SEP, México, 1984.
Lectura con 433 palabras
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Breve historia de la energía

El hombre prehistórico vivía exclusivamente de la caza y la recolección. No cocía sus alimentos y, como todos los animales, no utilizaba más energía que la contenida en su comida o en los benéficos rayos del Sol.
Hace poco más de 500 000 años que el ser humano descubrió y dominó el fuego. Aprendió a mantenerlo encendido y a usarlo para calentarse, alumbrarse y cocer los alimentos. La madera se convirtió así en la primera fuente de energía en la historia de la humanidad.
Con el inicio de la agricultura, hace aproximadamente 8 000 o 10 000 años, el hombre comenzó a domesticar animales y a utilizar su fuerza. Los animales se convirtieron en una fuente de energía útil para arrastrar los arados, transportar materiales o sacar agua de los pozos. En esa misma época se fabricaron las primeras vasijas de barro aprovechando el calor del fuego alimentado con madera, se cocía la arcilla para transformarla en terracota.
Las civilizaciones de la antigüedad aprendieron progresivamente a utilizar otras formas de energía como el viento, en los primeros barcos de vela y los molinos de viento. Aprovecharon también la fuerza del agua para mover ruedas con paletas (¡y no de las que se comen!) mediante las cuales se hacía girar los molinos, o ruedas con recipientes
que, a su vez, llevaban el agua a lugares altos en donde la utilizaban para el riego.
Esta necesidad de energía fue el origen de la esclavitud. Muchas personas fueron llevadas lejos de su país para que trabajasen como esclavas en grandes obras de construcción o realizaran trabajos pesados.
Muy pronto, se supo utilizar la fuerza del agua para hacer que los troncos de los árboles flotaran, y transportarlos desde las regiones montañosas hasta las llanuras y las desembocaduras de los ríos, donde se empleaban en diversas obras y la construcción de navíos.
La invención de la rueda y la utilización de la palanca permitieron ahorrar energía. “Denme un punto de apoyo y moveré al mundo”, afirmaba Arquímedes, aproximadamente en el año 250 a. C.
 
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Francois Michel, “Breve historia de la energía” en La energía paso a paso. México, SEP-Calandria, 2005.
Lectura con 340 palabras
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