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Lecturas infantiles más recientes

Un panal muy activo

A primera vista, la actividad de las abejas en un panal te podría parecer desordenada. No obstante, si te fijas, verás que cada abeja tiene tareas concretas. Por ejemplo, poner huevos es responsabilidad exclusiva de la reina y lo único que espera de los zánganos es que copulen con ella. Por otra parte, todas las obreras son hembras y sus obligaciones varían mucho dependiendo de la edad. Las obreras son estériles, hecho muy positivo porque se pueden dedicar permanentemente a mantener la economía del panal. De otra manera, no les alcanzaría el tiempo para criar.
Todavía quedan colonias de abejas melíferas salvajes que construyen su nido en los árboles, pero la mayoría de ellas ahora vive en panales construidos por apicultores. En su mejor momento, un panal llega a contener hasta 60,000 obreras y la cantidad de zánganos es una parte mínima en relación con la población de hembras. Los zánganos viven un mes, más o menos, y no se procuran su alimento porque las obreras se encargan de hacerlo. No obstante, la colonia se desquita de la indolencia de estos machos al terminar el verano, cuando las obreras los echan del panal.
La obrera, casi desde que nace, tiene que cumplir su labor de criar a las larvas en desarrollo.
A pesar de que ellas mismas continuarán siendo alimentadas durante un tiempo por las obreras viejas, pronto aprenderán a tomar por su cuenta miel y polen de los depósitos del panal. A las dos semanas serán capaces de construir y reparar las celdas hexagonales y estarán lo bastante maduras para salir a explorar, en viajes cortos. Sin embargo, como aún no están preparadas para buscar alimento, ayudarán a almacenar el polen que traen sus hermanas mayores. Desde muy pequeñas, las abejas están orgullosas de su casa y contribuyen a su buen funcionamiento y a eliminar los desechos y las abejas que se mueren.
Estas diligentes obreras también merodean en torno a la reina: la lamen, la arreglan y se encargan de que esté bien alimentada. A cambio, ella secreta un alimento especial llamado jalea real. Todas las obreras comparten la jalea, pasándola de unas a otras. Cuando tienen tres semanas se unen a las exploradoras y, entonces, otras recién nacidas asumen sus obligaciones en la crianza.
 
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Tamara Green, “Un panal muy activo” Los insectos bajo el microscopio La Conducta. Cazar, alimentarse y encontrar pareja. México, SEP-Uribe y Ferrari, 2002.
Lectura con 377 palabras
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El tío Tacho

El patín agarró vuelo, entró por la puerta de la sala y se estrelló con la mesita de curiosidades de mi tía.
Rápidamente, antes de que mis tíos se dieran cuenta, me puse a levantar lo que se había caído. Una fotografía llamó mi atención: mi papá, mi mamá y yo. Mi papá me tenía en brazos. Miré su cara morena, sus ojos negros y su pelo chino. Yo era idéntico a mi papá.
Casi no lo recordaba. De hecho, el único recuerdo que tenía de él era el de aquella noche, en un salón lleno de flores, cuando mi mamá me cargó y me asomó a aquella caja plateada:
–Despídete de tu papá, Panchito.
Su voz sollozante vuelve una y otra vez a mi mente, al igual que la cara de mi papá, tan seria y tan pálida.
¿Por qué se había muerto si no era viejito? ¿Por qué los jóvenes también se podían morir?
–Papito… –gemí en voz baja.
Mis lágrimas empezaron a caer en el vidrio que cubría la foto. Una mano acarició mi cabeza. Contuve el llanto y, avergonzado, me sequé los ojos.
–Cuando tenga ganas de llorar, hágalo –era la voz de mi tío Tacho–. Y hágalo fuerte, sin pena. Es la única forma de que la tristeza se nos salga del cuerpo.
–Tío, ¿por qué se mueren los papás? –le pregunté entre sollozos.
Se sentó en un sillón y me abrazó. Yo volví a preguntar:
–¿Por qué hay niños que tienen papá, como mis primos, y niños que no lo tienen, como yo?
Me sentó en sus piernas. Secó mis ojos y sonó mi nariz con su pañuelo.
–¿Por qué todos en mi salón tienen papá menos yo? –insistí.
Con el mismo pañuelo se secó los ojos y se sonó.
–Así es la vida, Panchito –me dijo–. Algunos niños tienen papá, como sus primos y sus compañeros, y otros tienen un tío que los quiere mucho, como si fuera su papá.
–¿Un tío? –le pregunté intrigado.
–Sí, un tío –afirmó.
–¿Cuál tío tengo que me quiera así?
–Lo está usted viendo en estos momentos –dijo con seriedad.
–¿Usted? –la sorpresa me hizo retroceder.
–Sí, yo –afirmó y me volvió a abrazar.
Un poco sofocado por la forma en que me apretaba, le dije:
–A veces no se nota muy bien cuando lo quieren a uno ¿verdad, tío?
–A veces no, Panchito –admitió–, pero usted nunca dude que yo lo quiero como si fuera su padre.
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Claudia Celis, “El tío Tacho” en Dónde habitan los ángeles. México, SEP-SM, 2002.
Lectura con 414 palabras
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Moctezuma

Como señor de Tlatelolco y como pariente del huey tlatoani, yo iba a menudo el tecpan del emperador. Un edificio de tezontle con veinte puertas a la calle y tres patios principales. Era lujoso, con los techos altos de cedro, caoba y pirul. Los muros estaban adornados con frescos que revivían las victorias de la Triple Alianza. El tecpan estaba abierto al público, se podía pasear por todos lados excepto en las habitaciones privadas del emperador y de sus esposas. En ese palacio se despachaban los asuntos del imperio, había salas de audiencias y juzgados.
En el palacio vivían cerca de 700 personas: las 102 mujeres de Moctezuma; sus hijos pequeños; su guardia personal, compuesta por 200 nobles; sus pajes, niños nobles de diez a doce años; el gran mayordomo; el encargado de la etiqueta de la corte; personas que ocupaban puestos importantes.
El cargo de tlacochcalcatl le pertenecía al príncipe Tepehuatzin, tío de Moctezuma, encargado de la Casa de las Jabalinas, donde se guardaban las armas del imperio.
Cada mañana arribaban 600 nobles con sus acompañantes a llenar las calles contiguas y las plazas; los embajadores de los territorios sojuzgados y aliados eran hospedados en el tecpan del antiguo emperador Axacayatl, al frente del de Moctezuma. Los pochtecas, o sea los comerciantes, también acudían al palacio para contar lo observado en sus viajes.
Teníamos la sensación de vivir en el ombligo del mundo. Junto al tecpan se encontraban las casas de las fieras, de las aves, y de los seres raros. A Moctezuma le gustaban los animales traídos de diversas partes de su imperio y los guardaba en esas casas, a las que acudía de vez en cuando y que estaban abiertas a la gente. Aquellas personas que nacían deformes o contrahechas eran llevadas a la casa de los seres raros donde se les cuidaba y alimentaba.
El emperador comía en la Sala de Audiencias. Lo atendían 300 jóvenes nobles; la comida la colocaba en platillo sobre braseros. Antes de sentarse, cuatro de sus mujeres le presentaban agua para que se lavara las manos y paños para secarlas. Una vez sentado el emperador, el mayordomo cerraba las puestas para que nadie lo viera comer.
Con la llegada de los extranjeros, estábamos indignados por la actitud de Moctezuma. Muchos pensábamos que no merecía encabezar el imperio. Nos avergonzaba su cobardía ante los españoles. Osaba reír con ellos y ser generoso en sus regalos El miedo le salía por los poros de la piel. Ya no podíamos más. Sin embargo, no era sencillo acabar con el respeto que le teníamos ni con su autoridad absoluta. Era como un dios viviente.
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Marisol Martín, “Moctezuma” en Cuauhtémoc. México, SEP-Planeta, 2004.
Lectura con 439 palabras
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31.Ronda de la niña de mis ojos

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73.El lago de los monstruos

40.Un pozo: la historia del agua en La Tierra

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119.Camino del Norte

34.Diario del universo

123.Nuestra casa

69.El lobo sentimental

28.El perro topil (cuento náhuatl)

178.El hada del lago

53.El hipo de Inés

138.Conjuros para los aprendices de magos

18.La historia de Sputnik y David

23. El portero

74.Sofía, la vaca que amaba la música

104.Bebé a bordo: historia de un embarazo

24. El hombre que no quería trabajar

54.Amigos del alma

111.Una sopa de piedra

83.El truco de Alejandro

66.La mujer que brillaba aún más que el sol

163.Rafa… el niño invisible

100.Axólotl, el ajolote

32.Maravilla de vidrio: Fibra óptica

13. ¡Cuélguenme!

5. Urbano. A la maestra le duele la cabeza

5. Rolf y Rosi

188.La directora del pantano negro

17. Leyenda del Sol y la Luna

35.El pozo de los deseos

17. Los delfines

127.Del pellejo de una pulga y otros versos para jugar

140.El regalo

130.Los espíritus con aspecto de zorro

38.Cuando una gripa se establece

18. Los duendes de la tienda

1. Los colores

107.Pive, chavo, chaval

51.¿Cómo inyecto las medicinas?

28.La bruja mala

8. Mono

12. Huesos

31.Los valientes no asesinan

32.Un amigo

38.El diablo de la botella