Arquitecto del paisaje

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Como tú sabes, al igual que el viento, el agua posee una enorme capacidad de modelar la estructura del suelo y de cualquier otro elemento que se halle sobre la superficie terrestre. Si observas el relieve de la localidad en la que vives, comprobarás fácilmente cómo el movimiento del agua, provocado por los desniveles del terreno, lo ha marcado profundamente. Cumpliendo con la ley de gravedad, el agua corre desde los sitios elevados hacia los más bajos. A su paso, por fricción, arrastra materiales. Al cabo de muchísimos años, estas marcas sobre el terreno llegan a ser enormes, como sucede en el famoso Cañón del río Colorado en los Estados Unidos, o simplemente formar el cauce de ríos y arroyos.
Pero el agua también interacciona con el suelo de formas menos evidentes para el ojo humano. Pensemos en la lluvia.
Cuando las gotas de agua caen sobre suelos desprotegidos, sin vegetación, suceden varias cosas. Todo comienza con la llegada de las primeras gotas. Éstas mojan la capa superficial de la tierra, pero se quedan en el mismo sitio en el cual cayeron.
En cambio, las gotas siguientes hallan el suelo con una cierta impermeabilización provocada por la presencia de las primeras y su tensión superficial. Por esto, al no poder ser absorbidas por la tierra escurren pendiente abajo, respetando el desnivel del terreno. En tiempo de lluvias, si observamos este fenómeno en un sector con una pendiente pronunciada, comprobaremos que la cantidad de agua presente en las zonas altas es pequeña.
Pero a medida que centramos nuestra atención a las zonas más bajas, advertimos que el volumen de agua aumenta considerablemente. En su recorrido hacia abajo, va dejando marcas como resultado de las partículas de suelo que arrastra, ante la ausencia de vegetación que fije la tierra. Cuando la lluvia se detiene, es posible confirmar todo lo ocurrido en el lugar mediante un simple recorrido.
Esas huellas desaparecerán si las próximas precipitaciones demoran lo suficiente como para permitirle al viento realizar su trabajo de distribución de partículas presentes en la capa más superficial del suelo. Recuerda lo obvio que es este fenómeno en la playa; el viento borra fácilmente las huellas. Pero si continúa la caída de agua, aumentará el proceso erosivo del suelo, provocando daños para esos terrenos. Como vemos, la acción mecánica del agua forma parte importante del permanente rediseño del paisaje.
 
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Hernán Sorhuet, “Arquitecto del paisaje” en El agua nuestra de cada día. México, SEP-Club Promocional del Libro, 2006.
Lectura con 394 palabras
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