Cómo los animales huyeron del leopardo

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En los lejanos días en que comenzaban todos a vivir, el Leopardo, hijo mío, tenía por morada un lugar llamado Alto Desierto. Acuérdate de que no era el Bajo Desierto, ni el Desierto Fragoso, sino el Alto Desierto, enteramente yermo [sin vegetación], cálido y reluciente, dónde sólo había arena y unas rocas de color idéntico al de los arenales, y unos hierbajos amarillentos y grises como la arena misma. Allí vivían la Jirafa y la Cebra, el Eland, el Kudú y el Búfalo, todos ellos de un color arenoso, pardusco y amarillento; pero el Leopardo era el más pardusco y amarillento de todos aquellos animales, y el que tenía la piel más parecida a la arena. Era una especie de enorme gato, grisáceo y amarillo: su color imitaba de modo asombroso la mezcla amarillenta, parda y gris del Alto Desierto.

Esto resultaba muy perjudicial para la Jirafa, la Cebra y los demás cuadrúpedos, pues el Leopardo acostumbraba echarse junto a una piedra o matojo de su mismo color, y cuando pasaban por allí la Jirafa, la Cebra, el Eland, el Kudú, el Antílope de la maleza o el Búfalo rojizo, con gran sorpresa suya les arrebataba su vida saltarina. ¡Y con qué gusto lo hacía!

Vivía también con el Leopardo, en el Alto Desierto, un etíope que llevaba siempre arco y flechas –por cierto, el color de aquel hombre era entre grisáceo, pardo y amarillento–, y ambos cazaban juntos: el etíope con su arco y sus flechas, y el Leopardo con sus dientes y garras, hasta que al fin, hijo mío, la Jirafa, el Eland, el Kudú y la Cebra no sabían para donde brincar. De verás que no lo sabían.
Pasado largo tiempo (pues las cosas, en aquellos días, duraban mucho)

aprendieron, poco a poco, a evitar todo lo que se pareciera a un Leopardo o un etíope; y finalmente huyeron del Alto Desierto, precedidos por la Jirafa, que fue la primera, por ser la que tenía las patas más largas.
Corrieron, días y más días, hasta llegar a una gran selva virgen, donde no había más que árboles y maleza y unas sombras veteadas, jaspeadas e irregulares.
¿Qué es un eland, qué es un kudú? [Hay que escribir las palabras en el pizarrón] A ver quién lo averigua para mañana.

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Rudyard Kipling, Cómo logró el leopardo las manchas de su piel. México, SEP, 1999.
Lectura con 383 palabras
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