Consejos o dinero

Estándar
Rosendo y Leonardo pasaron frente a una casa que tenía un letrero que decía: “Consejos o dinero para los caminantes”. Alegres con aquel anuncio, entraron y se encontraron con un ancianito de semblante benévolo.
–Buenos días, señor –dijeron ambos.
–Dios los acompañe –contestó el anciano–. ¿Qué hacen por aquí? Supongo que ya vieron el rótulo que está colgado con vista a la calle.
–Sí, señor –respondió Rosendo–, yo quiero monedas.
–¿Y tú? –dijo el viejo dirigiéndose a Leonardo.
–Yo, consejos, porque he oído decir que el que no toma consejo no llega a viejo.
–Espérenme un momento, buenos muchachos –dijo el anciano al entrar en su choza.
–¡Tonto! –le dijo Rosendo a Leonardo– ¿Para qué quieres consejos, eso vas a comer?
–No, Rosendo, los consejos valen más que el dinero, yo sé lo que te digo.
El anciano salió con una talega de monedas de oro, y se la entregó a Rosendo.
–Adiós y gracias –dijo Rosendo, y sin despedirse de su hermano, echó andar.
–Ahora tú, que eres más cuerdo –continuó el viejo– escucha atento:
El primer consejo es que nunca tomes un atajo.
El segundo es que jamás preguntes lo que no te importa.
Y el tercero, que pienses las cosas antes de dejarte llevar por la violencia.
Leonardo anotó los consejos y, al salir de la choza vio dos sendas que había para ir a su pueblo; tomó la más corta, y pronto vio que era un camino horrible, lleno de barrancos. Se acordó del primer consejo y regresó al otro sendero.
Serían las ocho de la noche cuando vio a lo lejos una luz que indicaba hospedaje. Hacia allá se dirigió.
–Dios guarde esta casa –dijo
–Adelante –gruñó una voz áspera desde adentro–. ¿Quieres posada, verdad?
–Sí, señor, pero no tengo dinero.
–Entra, no te costará nada –le dijo aquel hombre–; voy a enseñarte el lugar donde has de pasar la noche.
No es posible describir el terror que experimentó aquel joven al ver que allí había infinidad de cadáveres momificados, y unos aparatos de tortura, semejantes a los de la Inquisición. Iba a preguntar qué era aquello, pero se acordó del segundo consejo.
–¿Qué te parece? –preguntó el hombre.
–Bien –respondió Leonardo.
–Vamos a la otra sala.
Lo condujo a donde había esqueletos colgados y pirámides de calaveras.
–¿Y esto? –preguntó el viejo.
–Lo mismo, señor.
–Vamos a la galera que te destinaré para pasar esta noche.
Leonardo iba de terror en terror. Entraron en el último departamento; allí se encontraban muchos hombres y mujeres ahorcados y guillotinados.

Qué espanto, ¿no es cierto? Yo tengo que saber qué sucede en este cuento. Voy a buscar el libro. A ver si no me lo gana alguno de ustedes. 
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Teresa Castelló Yturbide (comp.), “Consejos o dinero” en Cuentos de puro susto. México, SEP-CONAFE, 1990.
Lectura 456 con palabras
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