Cuestión de tiempo

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Para conocer la posición de un barco en el mar, un marinero necesita saber tanto la latitud como la longitud. La latitud, o posición norte–sur de un barco, es más fácil de encontrar que la longitud, porque se puede medir la altura del sol al mediodía o la altura de la Estrella Polar sobre el horizonte en la noche. Esto muestra que tan al norte (o al sur) del Ecuador está el barco.
Pero para fijar su ubicación, el marinero también debe conocer su posición oriente–poniente, o longitud.
La medida de la longitud está relacionada directamente con el tiempo. Cada día, conforme la tierra hace una rotación, gira hacia el este a lo largo de los 360 grados de un círculo, moviéndose 15 grados cada hora (15° x 24 horas = 360°). Cuando el sol alcanza su punto más alto en el cielo, es el medio día de la hora local. Si se pudiera comparar esa hora instantáneamente con la hora en otro lugar, como podría ser el puerto de partida, se podría calcular la distancia oriente–poniente.
Si tan sólo se pudiera embotellar la hora del puerto de partida, se podría llevar a cualquier lugar de la Tierra y compararla con la hora local. Entonces se podría conocer la longitud de un barco y el acertijo que durante tantos siglos confundió a los marineros, se resolvería.
¿Pero cómo se podría embotellar el tiempo? Una forma obvia de hacerlo es poner un reloj a la hora del puerto de partida. Desafortunadamente, en 1707, ningún reloj, en el mar ni en tierra, podía medir el tiempo con suficiente precisión para ser confiable. El tiempo preciso sencillamente no podía viajar.
 
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Kathryn Lasky, “Cuestión de tiempo” en El hombre que hizo viajar al tiempo. México, SEP-Planeta, 2006.
Lectura con 280 palabras
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