Discurso sobre los cangrejos

Estándar
En la costa se afirma que los cangrejos
son animales hechizados
y seres incapaces de volverse
a contemplar sus pasos.
De las tercas mareas aprendieron
la virtud del repliegue, el ocultarse
entre rocas y limo.
Caminantes oblicuos, [porque caminan de lado]
en la tenacidad de sus dos pinzas
sujetan el vacío que penetran
sus ojillos feroces como cuernos.
Nómadas en el fango y habitantes
en dos exilios:
extranjeros
ante los pobladores de las aguas
y ante los animales de la tierra.
Trepadores nocturnos,
armaduras errantes,
hoscos, eternamente fugitivos,
siempre rehúyen la inmortalidad
en imposibles círculos cuadrados.
Su frágil caparazón
incita al quebrantamiento,
al pisoteo.
(Hércules vengó así la mordedura,
y Juno que lo envió contra el más fuerte,
para retribuirle situó a Cáncer
entre los doce signos del Zodiaco,
a fin de que sus patas y tenazas
encaminen al sol por el verano
–el tiempo en que germinan las semillas.)
Se ignora en qué momento dio su nombre
a ese mal que es sinónimo de muerte.
Aún cuando termina el siglo veinte,
permanece invencible
–y basta su mención para que el miedo
cruce el rostro de todos los presentes.
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José Emilio Pacheco, “Discurso sobre los cangrejos” en Álbum de Zoología. México, ERA, 2006.
Lectura con 189 palabras
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