Don Lalo Malos Modos

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Había una vez un comerciante que vivía en un pueblito lejano, tenía una tienda de abarrotes y los vecinos le decían Lalo. Tenía mal genio, no le gustaba platicar con nadie y siempre se enojaba con los niños.

Si un niño iba a comprar galletas o caramelos, se los arrojaba y les gritaba: ¡vete de aquí, ya no me molestes! Cuando mandaban a los niños del pueblo a comprar algo, don Lalo les daba lo que él quería y nunca los dejaba reclamar. Cuando ellos llegaban a sus casas les decían:
–David, ¿por qué no miraste con atención? Te encargué un kilo de frijoles y don Lalo solo te dio la mitad.
–Malena, ¿por qué no miraste con atención? Te encargué un metro de manta y don Lalo te dio la mitad.
Malena, David, y los demás niños del pueblo ya no querían hacer mandados, porque siempre salían regañados por culpa de don Lalo.

Un día, cuando los niños estaban jugando junto al arroyo que venía muy crecido, vieron a un viejito que se estaba ahogando. Se metieron al agua y entre todos lograron sacarlo, lo llevaron hasta la orilla y lo ayudaron a secarse, le dieron su bastón, su sombrero y también su morral.

–Qué buenos niños son ustedes –dijo el viejito. Les voy a dar un premio, pidan un deseo y se los concederé.
–Bueno –contestó David, después de pensar un poco–, aquí en el pueblo el dueño de la tienda nos hace sufrir mucho, por su culpa siempre salimos regañados, pues nos da menos de lo que compramos y nuestras mamás piensan que no ponemos atención.
–Bueno, –dijo el viejito– ¿A ustedes qué les gustaría?
–Que cuando le compremos algo, don Lalo nos dé el doble.
–Así será –contestó el viejito.

Al día siguiente. David fue a la tienda y pidió dos kilos de maíz.
Cuando llegó a su casa, a su mamá le pareció que era mucho maíz y lo pesó. Resultó que eran cuatro kilos de maíz en vez de dos. “No puede ser, don Lalo da menos pero nunca más”, pensó la señora y mandó a David a regresar los dos kilos que sobraban.

David fue a la tienda y le dijo a don Lalo:
-Usted me dio cuatro kilos de maíz y me cobró dos. Aquí están los dos que usted me dio de más.
-No- contesto don Lalo -dile a tu mamá que esos dos kilos son de pilón.
David se fue muy contento y le contó a su mamá lo que había dicho don Lalo.

-Qué bueno es don Lalo, te dio un buen pilón de regalo- comentó la mamá de David.
Otro día. Malena fue a la tienda a comprar tres metros de mecate. Cuando llegó a su casa y su mamá vio el mecate, le dijo:
-¡Qué mecate tan largo. Vamos a medirlo!
Y resultó que eran seis metros de mecate en lugar de tres.
-Don Lalo se equivocó y nos dio el doble- dijo la mamá de Malena-. Vé y dile que mida bien.
Malena llegó con don Lalo y le dijo:

-Dice mi mamá que usted midió mal el mecate, que yo sólo le pagué tres metros y usted me dio seis.
-No- contestó don Lalo, -dile a tu mamá que lo que sobra es de pilón.

Malena se fue muy contenta y le contó a su mamá lo que había dicho don Lalo.
-Qué bueno es don Lalo Te dio un buen pilón de regalo- respondió la mamá de Malena.
Desde ese día todos los niños querían ir a comprar a la tienda de don Lalo. Y en vez de decirle don Lalo Malos Modos, todos le decían don Lalo Buenos Modos.

Después de mucho tiempo, el viejito aquel que se andaba ahogando en el arroyo regresó al pueblo y encontró a los niños jugando en el parque.
-Niños-les preguntó el viejito.
¿se acuerdan que ustedes me salvaron un día que me estaba ahogando en el arroyo?
-Sí- respondieron los niños.
-Bueno, pues les voy a pedir un favor: cuando ustedes sean grandes, traten bien a los niños. Hablen con ellos y explíquenles las cosas en vez de regañarlos, respétenlos y los niños también los respetarán.

El viejito desapareció y nunca más volvieron a verlo. Pero siempre se acordaron de la historia de don Lalo Malos Modos, que gracias al viejito se hizo muy amigo de los niños y todos lo querían mucho en el pueblo.
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Julio Máximo de Jesús Valentín, “Don Lalo malos modos” en Carlos Herrera (comp.), El pez con magia, cuentos y leyendas. México, SEP-Educal, 2006.
Lectura con 741 palabras.
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