Dos poemitas

Estándar
El viejo relojero
Ajusta cada día
la máquina del tiempo,
ordena los segundos,
engrasa el universo.
(Sobre su cabeza,
el péndulo viene,
el péndulo va,
y el silencio,
mientras tanto,
hace tic,
hace tac.)
Anclado en su taller,
sin prisa se ha hecho viejo,
sabiendo la hora exacta
de todos sus recuerdos.
El pirata titulado
 En el brazo del pirata
nada el tatuaje de un pez.
En la palma de la mano,
navega el barco
que nunca pudo tener.
Todo su cuerpo es un cromo,
lleva a cuestas mil historias
dibujadas en la piel.
Su bandera desgarrada
sobre el pecho,
el retrato de su loro
junto a un pie.
Pero, ¡ay, pobre pirata!,
el mapa de su tesoro
se lo han tatuado en la espalda,
y no lo ve.

Hay gente a la que le gusta tatuarse.  Y a este pirata le encanta.  Voy a repetir esa poesía, para que vean todo lo que trae encima.
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Juan Carlos Martín Ramos, “El viejo relojero” y “El pirata titulado” en Las palabras que se lleva el viento. México, SEP-Everest, 2004.
Lectura con 156 palabras.
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