El aburrimiento ¿padre de la civilización?

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Le propongo el siguiente experimento: espere a que se haga de noche y apague todas las luces. Desconecte la televisión. No conteste el teléfono. No se acerque al refrigerador. Siéntese en el piso y deje pasar cinco horas. ¿Se aburrió? Trate de imaginarse qué haría todo el día si de pronto se viera privado de las comodidades de la vida moderna.
Si fuera usted un nómada primitivo luchando por mantener a raya el espectro del hambre probablemente estaría demasiado ocupado cazando, pescando y recolectando para hacer nada más, salvo tener pequeños nómadas y obligarlos a acabarse un mamut.
Pero una vez que usted ha descubierto la agricultura y que ha encontrado un bonito lugar para establecerse –por ejemplo, un lago con una isla donde un águila devora a una serpiente, un acogedor valle oaxaqueño, o las inmediaciones de un cenote en la planicie yucateca–, el paisaje deja de cambiar todos los días y el tiempo empieza a pesarle en las manos. El espectro del hambre se ha alejado para dar paso al espectro del aburrimiento.
Entonces mira al cielo y advierte, quizá por primera vez en su vida, que los puntitos de luz que se ven de noche realizan una curiosa danza. Parece que le dan vueltas al mundo como si estuvieran fijos en una inmensa esfera transparente. Con el tiempo usted descubre que cinco de esos puntitos no se mueven con los demás, sino que van de un lado a otro entre las estrellas. ¿Qué son estas estrellas errantes? Usted se dice que deben ser importantes y les pone nombres. Para entonces también ha observado ya que el sol naciente no aparece siempre en el mismo punto respecto a algún rasgo notable de su horizonte local, sino que se va moviendo día con día. ¿Adónde va? Espere pacientemente, por muchos amaneceres, hasta que un día su paciencia se ve recompensada: el sol reduce la marcha hasta que aparece casi en el mismo sitio durante varios días…y luego empieza a retroceder. Al cabo de varias lunas vuelve a detenerse y a dar media vuelta. Es evidente que el sol no se va a ir ningún lado, pero usted sigue escudriñando el horizonte al alba por pura curiosidad. ¿Se detendrá siempre el sol en los mismos puntos del horizonte? Una vez que compruebe que sí, se aprende de memoria las posiciones donde el sol se detiene o –luego de observar varios ciclos solares– se ha
dado cuenta de que la posición del sol al salir tiene una extraña relación con el estado del tiempo. La temporada de lluvias empieza siempre cuando el sol sale cerca de aquella colina lejana. El tiempo se torna caluroso cuando el sol se acerca a una de las paradas y frío cuando se acerca a la otra. Otro punto especial marca el día en que el sol pasa justo por la mitad del cielo al mediodía.
¿Qué hacen las personas cuando, luego de miles y miles de años de ir de un lado a otro viviendo de la caza, la pesca y la recolección, por fin descubren la agricultura y se establecen? Primero se aburren. Luego miran al cielo e inventan la civilización.
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Sergio de Régules, “El aburrimiento ¿padre de la civilización?” en El sol muerto de risa. México, SEP-Pangea, 2002.
Lectura con 528 palabras
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