El alacrán (cuento popular)

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Pues cuentan que había una vez un hombre bondadoso y sencillo que tenía una gran fortuna, pero un día la mala suerte lo alcanzó y perdió hasta la última moneda que había ahorrado. El hijo, que estaba de viaje, tuvo un accidente y murió, y la mujer, que no pudo soportar tanto dolor, falleció al poco tiempo. Así que tuvo este hombre una ruina completa, y hasta los amigos dejaron de visitarlo. El hombre vendió hasta su casa y se quedó en la miseria total.
Un día se dirigió a una cueva donde vivía un ermitaño, que decían era sabio y ayudaba a todo el mundo.
El hombre le contó sus penas y le preguntó si sabría de alguien que le prestara un poco de dinero, pues con él podría pagar algunas deudas
y comenzar de nuevo. El ermitaño estaba muy apenado por la historia, pero era evidente que poco podría hacer. En esto un alacrán comenzó a subir por la pared, y el ermitaño lo recogió con cuidado, lo envolvió en un trapo y le dijo:
–Es lo único que tengo, hermano. Llévalo al prestamista, a ver cuánto te dan por esto.
El hombre, que estaba muy desesperado, lo aceptó y fue a la casa del prestamista. Allí, temeroso de que le echaran inmediatamente por llevar un alacrán, le sorprendió la exclamación que hizo el prestamista al abrir el envoltorio. Pues en el interior había un alacrán de fino oro, con filigranas y adornos de esmeraldas, rubíes y diamantes.
Esto bastó para cancelar sus deudas y reanudar su vida. Incluso volvió a tener una considerable fortuna. Pero no olvidaba al solitario ermitaño, ni siquiera ahora que volvía a tener muchos amigos. Así que un día fue a la casa del prestamista, recuperó la joya y llegó hasta la cueva del ermitaño para devolverle el regalo.
El ermitaño abrió con cuidado el envoltorio, cogió al alacrán y, depositándolo en el mismo sitio de donde lo había cogido, dijo:
–Sigue tu camino, criaturita de Dios.
Y el precioso animal, convertido de nuevo en un vulgar alacrán, comenzó a caminar lentamente.

En el norte de México existen muchos alacranes cuya picadura es mortal. Por eso se encuentran en numerosos cuentos populares alacranes “buenos” e incluso con poderes. En Guatemala existe una versión en la que el “tesoro” es una lagartija. 
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“El alacrán” en Ana Garralón (selección y comentarios), Cuentos y leyendas hispanoamericanas. México, SEP-Larousse, 2007.
Lectura con 388 palabras
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