El barco negro

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Hoy vamos a leer una vieja leyenda, vuelta a contar por un poeta moderno, el nicaragüense Pablo Antonio Cuadra.
Cuentan que hace mucho tiempo, ¡tiempales hace! cruzaba una lancha de Granada a San Carlos y cuando viraba de la Isla Redonda, le hicieron señas con una sábana.
Cuando los de la lancha bajaron a tierra, sólo ayes oyeron. Las dos familias que vivían en la isla, desde los viejos hasta las criaturas, se estaban muriendo envenenadas. Se habían comido una res muerta picada de toboba, una víbora amante de rondar el ganado moribundo.
–¡Llévennos a Granada! –les dijeron.
Y el capitán preguntó:
–¿Quién paga el viaje?
–No tenemos centavos –dijeron los envenenados–, pero pagamos con leña, pagamos con plátanos.
–¿Quién corta la leña? ¿Quién corta los plátanos? –dijeron los marineros.
–Llevo un viaje de cerdos a los Chiles y si me entretengo, se me mueren sofocados –dijo el capitán.
–Pero nosotros somos gentes –dijeron los moribundos.
–También nosotros –contestaron los lancheros–. Con esto nos ganamos la vida.
–¡Por diosito! –gritó entonces el más viejo de la isla–. ¿No ven que si nos dejan, nos dan la muerte?
–Tenemos compromiso –dijo el capitán. Y se volvió con los marineros y ni porque estaban retorciéndose tuvieron lástima. Ahí los dejaron. Pero la abuela se levantó del tapesco y a como le dio la voz les echó la maldición:
–¡A quienes se les cerró el corazón, se les cierre el lago!
La lancha se fue. Cogió altura buscando San Carlos y desde entonces perdió tierra. Eso cuentan. Ya no vieron nunca tierra. Ni los cerros ven, ni las estrellas. Tienen años, dicen que tienen siglos de andar perdidos. Ya el barco está negro, ya tiene las velas podridas y las jarcias rotas. Mucha gente del lago los ha visto. Se topan en las aguas altas con el barco negro, y los marinos barbudos y andrajosos les gritan:
–¿Dónde queda San Jorge?
–¿Dónde queda Granada?
Pero el viento se los lleva y no ven tierra. Están malditos.
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“El barco negro” en Pablo Antonio Cuadra (comp.), La piedra y el metal: cuentos, mitos y leyendas de América Latina. México, SEP-CIDCLI, 2000.
Lectura con 336 palabras
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