El diario de un gato asesino

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Lunes
Está bien, está bien. Cuélguenme. Maté al pájaro. Por todos los cielos, soy un gato. Mi trabajo es andar por el jardín tras los dulces pajaritos que apenas pueden volar. Entonces ¿qué debo hacer cuando una de esas pelotitas emplumadas revoloteantes casi se arroja a mi boca?
Está bien, está bien. Le di un zarpazo. ¿Es ésa una razón para que Eli llorara tanto sobre mi pelambre que casi me ahoga?–¡Ay, Tufy!– dijo ella, con los ojos enrojecidos y montones de pañuelos mojados–. ¡Ay, Tufy!, ¿cómo pudiste hacer eso?
¿Cómo pude hacer eso? Soy un gato. Cómo iba a saber que se haría tanto lío: la madre de Eli corriendo por periódicos viejos y el padre de Eli llenando una cubeta con agua jabonosa.
Bueno, bueno. Tal vez no debí dejarlo en la alfombra. Es probable que las manchas no se quiten nunca. Así que: cuélguenme.
 
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Anne Fine, Diario de un gato asesino. México, SEP-FCE, 1998.
Lectura con 149 palabras
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