El hombre que no podía crecer

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Había una vez un hombre que vivía cerca de un pantano y que media sólo cuarenta y cinco centímetros. Confiaba en que iba a crecer, pero no crecía nunca. Cuando se canso de esperar, decidió pedir consejo a seres vivos más altos que él y habló primero con el caballo:
–Amigo caballo–le dijo–, ¿cómo puedo hacer para volverme tan grande como tú?
–Es fácil. Debes comer muchos cereales, sobre todo avena, y correr todo el día. Verás como en menos de una semana, crecerás tanto como yo.
El hombrecito de cuarenta y cinco centímetros de altura volvió a casa y, durante un mes, siguió con la receta que le había dado el caballo. Sólo comía cereales, sobre todo avena, y no hacía más que correr durante todo el día. Pero no crecía.
Los cereales le pesaban mucho en el estómago y le dolían las piernas de tanto correr. Entonces pensó en pedirle consejo a otro y fue a ver al buey.


–Amigo –le dijo–, ¿qué debo hacer para volverme tan grande como tú?
–Es fácil. Debes comer mucho heno y mucha hierba y quedarte todo el día echado de lado, rumiando. Verás cómo, en menos de una semana, crecerás tanto como yo.
El hombrecito de cuarenta y cinco centímetros de altura volvió a casa y, durante un mes, siguió la dieta que le había dado el buey. Sólo comía hierba y heno y se pasaba todo el día echado de lado rumiando. Pero crecer, no crecía. Toda aquella hierba le pesaba mucho en el estómago y, de tanto tiempo que pasaba tumbado, tenía el lado derecho o, según los casos, el izquierdo, muy adolorido. Entonces pensó pedirle consejo a algún otro y fue a hablar con el búho, famoso sabio.
–Amigo, tú que eres tan sabio…

Si les pidiera consejo a ustedes, ¿qué le dirían a este hombrecito?
 
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Gianni Rodari, “El hombre que no podía crecer” en Los cuentos. México, SEP-Edebé, 2007.
Lectura con 311 palabras
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