El libro de la selva

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En El libro de la selva, Mowgli es un niño que queda abandonado cuando un tigre ataca a sus padres, y crece entre los animales de la jungla, en la India, protegido por unos lobos que lo adoptan.
 
–El pueblo de la Selva no puede tener trato alguno con los monos. Tenlo siempre presente –dijo Bagheera, la pantera–. Y lo extraño es que Balú no te lo haya advertido.
–¿Yo? –se extrañó Balú– Jamás podría haber adivinado que Mowgli iba a jugar alguna vez con semejante gentuza. ¡Los monos! Me dan asco.
Se repitió el chaparrón. Balú y Bagheera se fueron corriendo hacia otro sitio arrastrando consigo a Mowgli.
Balú estaba en lo cierto con respecto a los monos. Vivían en las copas de los árboles. Las fieras no suelen mirar hacia lo alto. Por eso los caminos de los monos y los de los demás animales de la selva jamás se cruzaban.
Pero era doloroso que en cuanto veían a un animal de la selva enfermo o herido, los monos se ensañasen con él. Arrojaban toda clase de cosas sobre cualquier fiera. Y lo hacían sencillamente para llamar la atención. Aullaban, cantaban canciones estúpidas invitando a los demás animales a que se subieran a los árboles para pelear con ellos. Ellos mismos andaban siempre enzarzados en terrible luchas por cualquier nadería.
Eran desagradables. En muchas ocasiones habrían podido tener una organización con jefe, leyes y costumbres propias. Pero jamás lo lograban definitivamente. Peleaban, se olvidaban de todo y los consolaba esta frase: Toda la selva llegará a pensar como nosotros.
Ningún animal del bosque podía llegar hasta las alturas en las que ellos estaban. Por eso se emocionaron cuando Mowgli quiso compartir sus juegos. Y fue divertido, sobre todo porque vieron cómo todo eso molestaba a Balú.
Así quedó todo. Normalmente los monos no tienen iniciativa alguna. Pero uno de ellos pensó algo que a todos los demás les pareció magnífico. Era conveniente conservar en su tribu a Mowgli. Sabía entrelazar ramas.
Y ese entramado era una magnífica protección contra el viento. Mowgli lo hacía casi sin darse cuenta. Al ser su padre leñador, solía construir chozas con ramas caídas. Mowgli había heredado esa habilidad. No pasó inadvertido a los monos ese hecho. Se vieron con un gran jefe y como el pueblo más sabio de la tierra. Seguramente todos los demás los admirarían. Por eso, sin hacer ruido alguno, siguieron a Mowgli, Bagheera y Balú por toda la selva. Mowgli se echó a dormir entre el oso y la pantera. Juró que jamás trataría con los monos.
 
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Rudyard Kipling, El libro de la selva. México, SEP–SM, 2002.
Lectura con 430 palabras
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