El principio de los armadillos

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Ésta, hijo mío, es otra historia de los remotísimos tiempos en que el mundo estaba todavía en sus albores. En aquella época, en las márgenes del turbio Río Amazonas, vivía un puercoespín cubierto de púas, que se alimentaba con caracoles y otros animalejos parecidos. Tenía una amiga, una maciza y despaciosa tortuga, que también residía en las riberas del turbio Río Amazonas y comía lechugas tiernas y otras verduras.
Hasta aquí, según puedes ver, hijo mío, todo andaba bien. Pero en aquellos remotísimos tiempos en que alboreaba el mundo vivía, asimismo en las orillas del turbio Río Amazonas, un jaguar de piel muy pintada, que devoraba cuanto podía cazar. Cuando no podía atrapar ciervos o monos, comía ranas y escarabajos, y si no lograba cazar ranas ni escarabajos, iba a contárselo a mamá Jaguar, quien le enseñaba a cazar puercoespines y tortugas.
Cuando encuentres un puercoespín, hijo mío, tíralo al agua, y entonces dejará de estar enrollado; y cuando cojas una tortuga, sácala de su concha con la garra.
Y hasta aquí todo iba bien, hijo mío.

Cierta estrellada noche, el jaguar pintarrajeado encontró al puercoespín lleno de púas y a la maciza y despaciosa tortuga en las riberas del turbio Río Amazonas, sentados en un tronco caído. Como no podía echar a correr, el de las púas se hizo un ovillo, pues por eso era puercoespín, y la maciza y despaciosa tortuga escondió a toda prisa la cabeza y las patas en su concha, pues por eso era tortuga; y todo seguía bien, hijo mío, ¿no es así?
–Fíjense en lo que les digo –dijo el pintado jaguar–, pues es muy importante. Me dijo mi madre que cuando encuentre un puercoespín debo echarlo al agua, para que deje de estar encogido; y que cuando encuentre una tortuga tengo que sacarla de su concha con la garra. Pero, díganme, por favor, ¿quién de ustedes es el puercoespín, y quién la tortuga? Porque, ¡por las manchas de mi piel!, les juro que no sé quién es quién.
¿Qué pasará? ¿Qué va a sucederle al jaguar cuando quiera meterle la garra al puercoespín? Y, cuándo la eche al agua la fiera, ¿qué hará la tortuga?

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Rudyard Kipling, “El principio de los armadillos” en Precisamente Así. México, SEP-Juventud, 2002.
Lectura con 364 palabras
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