El Sol y el Viento

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El Viento y el Sol se encontraron. El viento lucía una larga capa, un saco de lana muy gruesa y un sombrero muy grande. El Sol lo veía con sus ojos amarillos, grandes y brillantes, asomados bajo un sombrero de paja ardiente.
Era el día de la contienda en que medirían sus fuerzas. Querían saber cuál de los dos era el más poderoso.
El Viento dijo:
–Es mucho, Hermano Sol, lo que yo puedo hacer… Yo hago volar por los aires sus sombreros, dejo sin abrigo a sus wawas (bebés) y sin techo a sus casas. Sin mí no podrían despajar en las trillas.
El Sol respondió:
–Con mi calor consigo lo que quiero, los hago correr buscando abrigo y sombra bajo los montes y refresco en el río. Los hago sudar y quitar sus ponchos, desnudos tienen que trabajar por mi calor. Y a ti también, Hermano Viento, puedo quitarte el sombrero, la capa y el saco.
El Viento y el Sol compitieron. El Viento empezó a soplar con fuerza pero no consiguió quitarle el sombrero al Sol, ni mover uno sólo de sus rayos, ni apagar la chispa de sus ojos.
Cuando llegó su turno, el Sol comenzó a calentar más y más.
Tan grande era el calor que el Viento, sofocado y sudoroso, se quitó el sombrero de alas. Después se quitó la capa y el saco.
Desde entonces reina el Sol y al Viento se le ve vagando desnudo por los caminos, silbando su derrota.
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“El sol y el viento” en Federico Navarrete Linares (coord.), Hijos de la primavera: vida y palabras de los indios de América, Andrés Sánchez de Tagle, ilus. México, SEP-FCE, 2001.
Lectura con 249 palabras
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