El sueño de Camilo

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Como Camilo siempre anda detrás de cosas extraordinarias, le suelen suceder cosas extraordinarias. Ayer, por ejemplo, mientras buscaba un tesoro enterrado se quedó dormido. Al rato sintió que su cuero se entumecía, que no podía mover los brazos ni las piernas; en fin ¡que se había convertido en lombriz! Y como no tenía manos para pellizcarse y averiguar si era un sueño, se dijo:
–¡Aprovecharé la ocasión! ¡Buscaré el tesoro bajo la tierra!
Y sin esperar más, emprendió el descenso.
Un bosque de raíces le dificultaba la marcha pero, de pronto el suelo se abrió bajo su cuerpo y comenzó a caer y caer.
Algo tibio y suave interrumpió su caída.
–Hola, ¿qué te trae por estas profundidades? –preguntó el topo que le había servido de colchón.
–Busco un tesoro.
–¿Qué es eso?
–Es algo muy valioso. ¡Con un tesoro podría hacer realidad mis sueños!
–No creo que esté por aquí. Te llevaré a la capa de más arriba. Allí encontrarás aire, restos de plantas y otros animalitos que tal vez sepan dónde está tu tesoro–. Y el topo se aventuró por unas interminables galerías hacia la superficie.
–¡Qué fantástico laberinto! ¿Lo hiciste tú?
–¡Claro! Pero los hombres me persiguen, dicen que los perjudico con tantos túneles. No saben que por ellos circula aire que enriquece el suelo.
¿Falta mucho para llegar a la capa de más arriba?
–No, ya llegamos ¡Que encuentres tu tesoro!
¿Tesoro? –preguntaron un montón de vocecitas. Camilo no veía a nadie.
–¡Somos chiquititas! Nosotros comemos y comemos. Desbaratamos los restos de animales y plantas para obtener nuestro alimento. Al hacerlo dejamos en el suelo sustancias nutritivas que lo enriquecen… ¡Somos las bacterias! A Camilo le resultó conocido el nombre pero lo que más llamó su atención fue eso de que enriquecían la tierra.
Una lombriz gorda se le acercó:
–¡Qué triste y flaco se te ve, cuate! ¿qué te pasa?
–Busco…
–¡Comida!…Pero si estás rodeado de ella.
Camilo miró a su alrededor y sólo vio tierra.
–Prueba un bocado de tierra. Verás lo bien que te vas a sentir.
Camilo no esperó más y se arrastró hacia la superficie que se hallaba a pocos centímetros. Una luz dorada lo cegó. Era la luz del sol.
Cuando Camilo despertó estaba sudoroso y sucio…pero se sentía requeté contento.
Había descubierto los tesoros de la tierra!
 
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Mónica Lavín, “El sueño de Camilo” en Cosas curiosas de aquí y de allá II. México, SEP-Innovación y comunicación, 1991.
Lectura con 389 palabras.
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