El toro que ganó una apuesta

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Hace muchos años, cuando Brahmadatta era rey de Benarés, en la India, había un campesino que tenía un toro muy fuerte. El dueño estaba muy orgulloso del animal y presumía a todos los que se encontraba la fuerza del toro.
Un día fue a una aldea y gritó en la plaza:
–Apuesto mil monedas de plata a que mi toro puede jalar cien carretas.
Todos se rieron y dijeron:
–Muy bien. Trae tu toro y le amarraremos cien carretas a ver si las puede mover.
Así, el campesino trajo su toro a la aldea y enfrente de una gran multitud lo amarraron a las carretas. Entonces el dueño lo golpeó con un palo y le dijo:
–¡Muévete, flojo! ¡Jala con fuerza, bruto!
Pero al toro nunca le habían gritado así y no se movió. Ni los golpes ni los insultos lo hicieron jalar las carretas.
Finalmente, el dueño tuvo que pagar la apuesta y se regresó con tristeza a su casa. Allí se sentó y se quejó en voz alta:
–¿Por qué mi toro tan fuerte hizo eso? Muchas veces ha llevado cargas más pesadas con facilidad. ¿Por qué me avergonzó delante de toda la gente?
Esa noche, cuando fue a darle de comer al toro, éste le dijo:
–¿Por qué me golpeaste hoy? Nunca me habías dado de palos antes. ¿Por qué me insultaste y me llamaste flojo y bruto? Jamás me habías maltratado.
El campesino le contestó:
–Nunca más te volveré a maltratar. Siento mucho haberte apaleado e insultado. Jamás lo volveré a hacer. Perdóname.
–Muy bien –dijo el toro–. Mañana llévame a la aldea y jalaré las cien carretas para ti. Siempre has sido un buen amo… hasta hoy. Mañana recobrarás lo que perdiste.
Al siguiente día el campesino alimentó muy bien al toro y le colgó una guirnalda de flores en el pescuezo. Cuando llegaron a la aldea todos se rieron al tiempo que le decían:
–¿Vienes otra vez a perder tu dinero?
–Hoy les apuesto dos mil monedas de plata a que mi toro puede jalar cien carretas –dijo el dueño…
Así trajeron las cien carretas amarradas y ataron al toro a la primera. Una gran multitud llegó para ver al toro. El campesino le dijo:
–Torito, muéstrales lo fuerte que eres, toro bonito. Y le acarició el cuello. El toro jaló con todas sus fuerzas y movió las cien carretas. Todos gritaron asombrados:
–¡Tu toro es el más fuerte de todos! Te pagaremos la apuesta.
Y el toro y su dueño regresaron muy felices a su casa.
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“El toro que ganó una apuesta” en Benjamín Preciado Solís, Cuando Brahmadatta era Rey de Benarés. México, SEP-Magenta, 2007.
Lectura con 424 palabras.
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