El viaje

Estándar
Había una vez un ratón que quería visitar a su madre.
Entonces se compró un coche y se puso en camino

hacia casa de su madre.

Viajó, y viajó, y viajó, hasta que el coche se hizo pedazos.
Pero al lado del camino había una persona vendiendo patines.
Entonces el ratón compró dos patines y se los puso. Patinó, y patinó, y patinó, hasta que se le cayeron las ruedas. Pero al lado del camino había una persona vendiendo botas. Entonces el ratón compró un par de botas y se las puso. Caminó, y caminó, y caminó, hasta que las botas tuvieron unos agujeros muy grandes. Pero al lado del camino había una persona vendiendo tenis. Entonces el ratón compró un par de tenis. Se los puso y corrió, y corrió, y corrió, hasta que los tenis se rompieron.
Entonces se quitó los tenis y anduvo, y anduvo, y anduvo, hasta que le dolieron tanto los pies que no pudo continuar. Pero al lado del camino había una persona vendiendo pies. Entonces el ratón se quitó los pies viejos y se puso unos nuevos.
Corrió lo que le quedaba de camino hasta llegar a casa de su madre. Cuando llegó allí…
¡Qué gusto le habrá dado a la mamá ratona ver a su hijo! Pero, ¿se imaginan? ¡Andar comprando pies! En los cuentos, en la poesía, en el teatro, todo es posible.
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Arnold Lobel, “El viaje” en Historias de ratones. México, SEP-Altea, 1987.
Lectura con 232 palabras
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