El zar Saltán y la princesa cisne

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Había una vez tres hermanas que hilaban junto a la ventana.
–Si yo fuera zarina –dijo la primera–, prepararía un banquete para el mundo entero.
–Si yo fuera zarina –dijo la segunda–, hilaría tanto lino que sería suficiente para el mundo entero.
– Si yo fuera zarina –dijo la tercera–, le daría al zar un hijo fuerte y valeroso que sería su orgullo.
Entonces se abrió de repente la puerta y el zar Saltán, dueño y señor del país entero, entró en la habitación. Había oído la conversación de las tres muchachas y las palabras de la más joven lo habían conmovido profundamente.
–¡Tú serás mi esposa y me darás un hijo fuerte y valeroso! –exclamó–. Pero tendrás que separarte de tus hermanas. En mi corte, una será cocinera y la otra hilandera.
Aquello no les gustó nada a las dos hermanas, pero, muertas de envidia, siguieron al zar y a su hermana pequeña hasta el palacio.
La boda se celebró la misma tarde de su llegada. Acudieron muchos invitados a la fiesta, y comieron y bebieron y acompañaron al zar y a su mujer hasta el lecho nupcial de marfil. Y se cumplió el deseo de la hermana menor, que concibió un hijo.
Poco después estalló una guerra. El zar Saltán tuvo que separarse de su joven esposa y le suplicó, por su amor, que se cuidara mucho. Ella le prometió que así lo haría, y él montó en su caballo y partió con sus hombres.
Permaneció largo tiempo ausente, y la hilandera y la cocinera tuvieron mucho tiempo para alimentar su envidia y tramar planes terribles con la malvada Babarija, prima del zar.
Raudos transcurrieron los meses y la zarina dio a luz a un niño fuerte y hermoso. Llena de alegría, envió un mensajero al zar con la buena nueva. Pero la hilandera y la cocinera, con ayuda de la malvada Babarija, le dieron alcance, quemaron el mensaje y lo sustituyeron por otro que decía: “Hoy la zarina ha dado a luz a un monstruo”.
Cuando el zar recibió esta noticia en su tienda de campaña, se puso muy triste, y envió de regreso al mensajero con una orden que decía: “Quiero que se mantenga todo en secreto hasta que yo vuelva y tome una decisión”.
Pero las envidiosas hermanas y la malvada Babarija interceptaron de nuevo al mensajero, lo emborracharon y cambiaron esta orden por otra que tenían preparada y que decía: “Ordeno a mis caballeros que ahoguen a la zarina y a su hijo en lo más profundo del mar”.

¿Qué pasará con la zarina y su hijo? Si quieren saberlo tendrán que buscar el libro y leer la historia completa.
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Alexander Pushkin, “El zar Saltán y la princesa cisne” en Cuentos de la vieja Rusia. México, SEP-Lumen, 2003.
Lectura con 449 palabras
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