Eolo

Estándar
Los vientos son los hijos del Cielo y de la Tierra. Habitan en las grutas profundas donde está prisioneros día y noche.
Zeus desconfía hasta tal punto de ellos que ha colocado por encima de su prisión enormes montañas. ¿Por qué? Porque los vientos son temibles, y rugen sin cesar en su prisión. Sólo tienen una idea: escapar para devastarlo todo (la tierra, el mar e incluso el mismo cielo, morada de los dioses inmortales).
Para calmar los Vientos, terriblemente poderosos para este pueblo de marinos, los griegos les ofrecían sacrificios.
En la antigüedad grecolatina los vientos principales eran cuatro:
El Bóreas. Es el viento del norte frío y violento, que los latinos llaman Aquilón. Se le representaba bajo la forma de un viejo de cabellos blancos y en desorden.
El Euro. Es el viento del este, que viene de Oriente. Se le representaba con la tez cobriza de los asiáticos.
EL Noto. Es el viento del sur que los latinos llaman Aaustro. Es un viento caliente que trae tormentas. No es raro verlo representado bajo el aspecto de un viejo, con los carrillos inflados, la frente aureola de nubes y los ropajes calados por la lluvia o llevando una regadera.
El Céfiro. Es el viento del oeste. Los griegos lo apreciaban mucho, ya que traía algo de frescor durante el verano ardiente que castigaba su tierra. Da nueva vida a la naturaleza reseca. Se le representaba con alas de mariposa. Ligero, vuela manteniendo en la mano una canasta de flores.
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Ann Catherine Vivet-Rémmy, “Eolo” en Los Viajes de Ulises. México, SEP, 2002.
Lectura con 251 palabras
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