Explorador de Monte Albán II

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Hace unos días leímos otro de los episodios de este libro: un muchacho, hijo de un arqueólogo, acompaña a su padre a la exploración de Monte Albán, la ciudad zapoteca, en Oaxaca.
 
Jamás voy a olvidar cuando mi papá se me quedó viendo y me preguntó: “¿Quieres bajar a la tumba, Alejandro?”
En ese momento mire mis calcetines llenos de cardos del monte, respiré hondo y pensé que si mis hermanos mayores ya habían bajado, yo no me podía quedar atrás.
–Sí, sí quiero –le dije.
Mi papá me tomó por las muñecas y sosteniéndome con los brazos extendidos me fue introduciendo por el negro agujero de cincuenta centímetros de diámetro. Suspendido en el aire, fui bajando dentro de un espacio vacío y oscuro hasta que mis pies tocaron el fondo. Quedé paralizado.
–¡No te muevas! Me gritaron. No tenía la menor intención de hacerlo: estaba totalmente pasmado y nunca habría dado un paso en aquella tenebrosa oscuridad. Mi corazón latía como loco y me retumbaba el pecho; por fin me bajaron una lámpara de mano atada a una cuerda y, cuando la encendí, la rueda de luz iluminó unos viejos muros de piedra aprisionados por raíces.
–¡No vayas a tocar nada! –alcancé a oír que me advertían desde la boca del agujero.
¿Habría muertos? Me pegué lo más que pude a la pared e iluminé a mí alrededor. Así era: a pocos centímetros de mis pies estaba un cráneo humano semicubierto de turquesas, con una afilada nariz de obsidiana, que me miraba con dos conchas redondas incrustadas en los huecos de los ojos.
Alumbré el fondo de la tumba. Entre el fino polvo que cubría el suelo se veían, en confusión, huesos, perlas, turquesas y el reflejo amarillento de los objetos de oro. Moví la linterna y cerca de una esquina yacía un esqueleto con pulseras de oro y plata puestas en los brazos. En medio de la tumba vi una gran urna blanca y me sorprendió que se volviera traslúcida cuando la iluminé.

Traslúcida quiere decir que, sin ser transparente, deja pasar la claridad de la luz.
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Alfonso Caso, Explorador de Monte Albán, Ana Bonila Riuz, ilus. México, SEP–SM 2004.
Lectura con 349 palabras
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