Gigantes

Estándar

Las montañas están llenas de misterio, y guardan en su interior antiguos secretos. Hay en ellas barrancas, cañadas, ríos y cuevas que ocultan tesoros; también hay bosques poblados de plantas y de animales.
Cuentan que hace muchísimos años, en lo más apartado de aquellas montañas, vivía una raza de hombres gigantes tan fuertes que podían arrancar los árboles con las manos y tan altos que, cuando caminaban por el bosque, sus cabezas sobresalían y rozaban las nubes.
Estos seres hicieron construcciones enormes como ellos, de las que ahora sólo quedan algunas ruinas a las que se llama pirámides.
Dicen que esos gigantes tenían el ombligo en la frente, pero ya luego se les pasó a la panza. Algunos tenían un solo ojo.
La raza se fue extinguiendo por falta de alimentos; pues, como no cultivaban la tierra, acabaron con todo lo que había. Sin embargo, todavía quedan algunos gigantes. En Veracruz los llaman chilobos; son muy peludos, les crece el pelo por todas partes y tienen los pies al revés.
Algo muy importante es que, para huir de un gigante, el hombre debe seguir sus huellas; de lo contrario, acabará encontrándose con él.
Los gigantes casi nadie llega a conocerlos, ya que viven en las cuevas de los barrancos más profundos. Les gustan los caracoles de río, y comen tantos de una sola vez que dejan en las orillas montones de conchas. Por ellas se sabe que ahí estuvieron.
Algunos hombres valientes y curiosos que han subido a lo alto de las montañas se han topado con huesos de gigantes, y aseguran que son enormes y pesadísimos. (Dicen que una muela puede servir de banco a un niño.)
Pero el que los encuentra tiene que conformarse con mirarlos y abandonarlos, pues, si se los lleva a su casa, el espíritu del gigante se le aparece en la noche para reclamárselos.
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Ma. Teresa de Maria y Campos, “Gigantes” en Animales fantásticos y más leyendas, Laura Almeida, ilus. México, SEP-CONAFE, 2000.
Lectura con 310 palabras
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