Jade precioso pluma de Quetzal

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Vamos a echar un vistazo a la antigua Tenochtitlan, la capital del imperio mexica.
Muchas canoas cruzan los canales de la gran México-Tenochtitlán. Las chinampas, donde se cultivan verduras y flores, son pequeñas islas construidas por lo hombres. Ellos ponen estacas entretejidas con ramas, formando paredes que contienen el fértil lodo del fondo del Lago de Tezcoco.
Los agricultores emplean la coa para hacer hoyos en la tierra y depositar en ellos las semillas. Los pescadores usan redes, anzuelos y arpones para pescar. ¡Qué sabroso comer pato silvestre, hueva fresca de mosco y pescado de agua dulce de los lagos!
Eres ya muy importante: ¡Por fin tienes edad para estudiar! Todos los niños, pobres y ricos, van a la escuela, ya sea al Calmecac o al Telpochcalli.
Al Calmecac asisten quienes van a ser sacerdotes y gobernantes. Allí se estudian la lectura y escritura, las matemáticas y el movimiento de los astros. Dejarás de jugar y escucharás con cuidado los consejos de tu padre: “Todos los días tendrás que hacer penitencia, bañarte con agua fría, ayunar y aprender a obedecer, para que seas capaz de enfrentarte a la disciplina de la vida azteca y de ser útil a tu patria.”
El Telpochcalli es la escuela donde los guerreros veteranos preparan a los jóvenes para la guerra. Los alumnos reparan canales, cultivan en común las tierras y hacen trabajos de interés público.
En cambio las niñas viven en la escuela, junto a los templos, hasta que se casan. Allí aprenden las costumbres religiosas bajo la dirección de las sacerdotisas.
Por las tardes, los muchachos se reúnen con las muchachas en el patio de la escuela de danza para divertirse y aprender el baile y el canto.
Cualquier pretexto es bueno para pasar por el mercado, que parece una feria llena de movimiento y color. A pesar de ser tan grande está ordenado y limpio. En una parte hay frutas y verduras; en otra ropa y alhajas.
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“Jade precioso pluma de Quetzal” en Doris Heyden, Mariana Yampolsky, Mayas y Aztecas, Alberto Beltrán, ilus. México, SEP-CONAFE, 2000.
Lectura con 325 palabras
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