Konrad o el niño que salió de una lata de conservas

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La lectura de hoy es un fragmento del libro “Konrad o el niño que salió de una lata de conservas”, de la antología de lecturas de sexto grado. Aunque, al igual que ustedes se van a preguntar, me pregunto, ¿por qué no pusieron un poquito más para conocer a Konrad? Bueno, vamos a la lectura.

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Konrad o el niño que salió de una lata de conservas

La señora Berti Bartolotti se sentó en la mecedora y empezó a desayunar. Se tomó cuatro tazas de café, tres panecillos con mantequilla y miel, dos huevos pasados por agua y una rebanada de pan negro con jamón y queso, y una rebanada de pan blanco con foie–gras de ganso. Como la señora Bartolotti se mecía mientras comía y bebía –al fin y al cabo las mecedoras son para mecerse–, su bata azul celeste acabó llena de manchas marrones, de café, y amarillas, de huevo. Además, gran cantidad de migas de pan le cayeron por el cuello de la bata.
La señora Bartolotti se levantó y empezó a saltar sobre un pie por el cuarto de estar hasta que todas las miguitas hubieron caído de la bata. Después se chupó los dedos pegajosos de miel. Entonces se dijo a sí misma:
–Criatura, ahora vas a lavarte y a vestirte como es debido y a ponerte a trabajar, ¡pero rápido!
Cuando la señora Bartolotti hablaba consigo misma, siempre se decía “criatura”.
En la época en que la señora Bartolotti era realmente una criatura, su madre le decía constantemente:
–Criatura, que ya hagas la tarea. Criatura, que seques la vajilla. Criatura, cállate.
Y más tarde, cuando la señora Bartolotti ya no era una niña, su marido, el señor Bartolotti, siempre le decía:
–Criatura, que prepares pronto la comida. Criatura, que me cosas un botón de los pantalones. Criatura, que friegues el suelo.
La señora Bartolotti se había acostumbrado a cumplir las órdenes y los encargos sólo cuando la llamaban “criatura”. Su madre hacía tiempo que había muerto y el señor Bartolotti hacía tiempo que se había ido a vivir a otra parte; a nadie le interesaba por qué, era un asunto privado. En todo caso, la señora Bartolotti no tenía a nadie más que a si misma que le llamara “criatura”.

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Christine Nöstlinger, Konrad o el niño que salió de una lata de conservas. México, SEP-Alfaguara Infantil, 2003.
Lectura con 311 palabras.
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