La caja

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Martha encontró una cajita sobre la mesa de la cocina de Jorge.
“No abrir”, decía la nota.
–No lo haré –dijo Martha –.
No soy fisgona.
Pero Martha no podía apartar los ojos de la caja.
Volvió a leer la nota.
“No abrir”, decía.
Martha no podía soportarlo.
–Una miradita no hará daño a nadie.
Y desató la cuerda.
Toda la colección de palomitas de maíz de Jorge saltó fuera de la caja.
–¡Cielos! –exclamó Martha.
A Martha le llevó toda la tarde recoger las palomitas de colores.
Una amarilla le dio bastante la lata.
Cuando Jorge llegó a casa, Martha estaba leyendo una revista.
–Pareces cansada –dijo Jorge.
–¿No pensarás que he abierto esa cajita, verdad?
–Claro que no –contestó Jorge.
–No soy fisgona –explicó Martha.
Jorge no dijo una palabra.
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James Marshall, Jorge y Marta en la ciudad. México, SEP-Espasa Calpe, 1989.
Lectura con 132 palabras
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