La conquista del cielo

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Los griegos debieron pasar mucho tiempo contemplando el cielo, pues nos han llegado multitud de historias de héroes que intentaron conquistarlo. Uno de ellos fue un muchacho llamado Belerofonte, quien, con la ayuda de la diosa Atenea, capturó un fantástico caballo volador llamado Pegaso. Con su corcel alado realizó grandes hazañas, e incluso se propuso volar hasta el Monte Olimpo, donde vivían los dioses.
Zeus decidió darle una buena lección: envió a un moscardón para que picara a Pegaso. El caballo se espantó y Belerofonte se precipitó al vacío. Sin embargo, Pegaso sí alcanzó el Olimpo, donde se quedó a vivir para siempre.
Otro joven que intentó volar fue Ícaro. Su padre, Dédalo, con el que estaba preso en la isla de Creta, construyó dos pares de alas para que tanto él como su hijo pudieran escapar. Dédalo aconsejó a su hijo que no se acercara demasiado al Sol, pero una vez sintió el aire bajo sus alas, Ícaro olvidó la advertencia. El sol derritió la cera que sujetaba las plumas de las alas, e Ícaro cayó al mar y murió.
Iris era la mensajera de los dioses, y atravesaba el cielo bajando por el arco iris para llevar mensajes del Olimpo a la tierra.
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Xavier Marcet Soler, “Cinco patas en lugar de cuatro” en Los animales invertebrados. México, SEP-Parramón, 2007.
Lectura con 205 palabras.
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