La hormiga Gertrudis

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Fábula de la esforzada hormiga Gertrudis, de cómo tomó las armas contra el antojadizo elefante Mandamás y de los increíbles hechos que entonces ocurrieron.

Capítulo II
Del singular combate que sostienen los ejércitos hormiguescos y el paquidermo, con todo lo tocante a la aparición de nuestra heroína.


El sonido del tambor
a las tropas desanimaba:
¡el enorme destructor
por la selva se aproxima!
Luego mueve la criatura
Su panzota y su cabeza,
y los bichos, de esa altura,
van a dar a la maleza.
Y se lanzan todas ellas
contra el bruto, de tal suerte,
que unas quedan viendo estrellas,
y otras topan con la muerte.
Son en balde sus esfuerzos
–dice riendo el criminal–,
y aunque vuelvan con refuerzos
triunfaré de modo igual.
Sólo algunos soldadillos
han montado por la trompa,
Y le pican los carrillos,
las orejas y la trompa.
Algo ocurre, sin embargo,
en la nuca del bobote.
¡Una hormiga va a lo largo
de la arruga del cogote!
Y lo tachan de tarugo,
de diabólico y de feo,
más no siente aquel verdugo
ni siquiera un hormigueo.
Y le gritan a la chica
los insectos del lugar:
–¡Estrangúlalo, primica!
¡No lo dejes respirar!
 

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Guisopete de Paropillo, La hormiga Gertrudis. México, SEP, 2002.
Lectura con 198 palabras
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