La luna

Estándar

La Luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de un conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que nadie lo sepa, nadie,
y para alejar a los médicos y a las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido.
Unas gotas de Luna en medio de los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.
Pon una hoja de Luna tierna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la Luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la Luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la Luna
en dosis precisas y controladas.

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Jaime Sabines, “La luna” en Recuento de poemas 1950/1993. México, SEP-Planeta, 2003.
Lectura con 168 palabras
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