La noche de las muñecas

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Vamos a leer un poema que puede parecer un poquito difícil, pero no lo es. Déjense llevar por las palabras; por la impresión que nos causan. 

Que los párpados no pesen,

que no acabe la canción. 
  Que las sábanas no sirvan,
que los ruidos endurezcan, 
que los mudos oigan fuerte, 
que el día olvide su reloj. 
  Que ella no cierre la puerta, 
que ella no apague la luz. 
  Que no voy a la cama, 
que en lo oscuro no soy yo. 
  Que el Sol gane la batalla 
sólo hoy. 
  En la noche no hago falta, 
que la noche falte hoy. 
  Que te quedes tú conmigo, 
que la Luna te haga trizas, 
que huya el bulto del colchón. 
  Que mañana venga pronto, 
que olvidemos que es hoy. 

I 
   Rompe el negro en dentelladas, 
apresta su aire el Sol,
hay que apagar las velas. 
   Le rasgaron su vestido al cielo. 
Quedan agujeros por donde el quebrado 
se cuela, 
se desinfla, 
tiritas a golpe de pinchazos. 
   Cielo roto, 
negro cielo. 
Hoyo blanco que te come. 
No mires allá arriba. 
Hay mucha mala blanca luz, 
hoyo luz. 
   Noche que ya es. 
Sombras que se vienen, 
sueño que se va. 
¡Aquí no duerme nadie! 
Hay que mirar con cuidado, 
estar atento. 
Ojo bajo la cama. 
Ojo espión. 
Hay que andarse como los tuertos.

II 
A lo oscuro le nacen pupilas sin
párpados. 
   En la penumbra baten algunas alas. 
De noche los juguetes amanecen: 
tanto mejor si el viento canta 
los árboles, 
si la lluvia moja las luces, 
si el hoyo hace que se va. 
En lo oscuro hay carnavales,
 las arañas tiran espantasuegras, 
los aparecidos salen en procesión. 
Y no hay alegría que valga. 
    La Muñeca Reina las ha clausurado
 todas. 
A la Muñeca Reina le falta un brazo, 
le sobra un diente, 
la mira un ojo. 
La Reina es muñeca que 
abandonaron, 
Desvistieron, 
dejan sola; 
que huele a mar. 
La Muñeca está reinando.
 Noche puede decirse, 
viento y lluvia habrían de ser 
nombrados. 
Y no hay nada por hacer. 
Si acaso 
(y como si de algo sirviera) 
tendrías que prender una vela 
tendrías que velar un incendio. 

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Ana Romero, “La noche de las muñecas” en La noche de la muñeca. Una noche de espanto en doce horas y tres suspiros. México-CONACULTA, 2008.
Lectura con 351 palabras
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