La pulga aventurera

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La pulga, llorosa y desesperada, suplicó al ratón:
–Escóndeme en tu casa, ratón, por favor. Me iré en cuanto el campo de batalla esté tranquilo.
–¿En cuanto qué? –dijo el señor ratón.
–Es que tres mujeres me vienen persiguiendo y me quieren matar. Ayúdame.
El ratón pensó un momento.
–Está bien –dijo–, puedes quedarte; pero que no se te ocurra acercarte a mí.
Y así la pulga se quedó a vivir en la casa del ratón. Al pasar los días se hicieron grandes amigos; cada uno contó al otro la historia de su vida.
Suspirando, la pulga le platicó que le gustaría terminar su vida en un zoológico para poder chupar sangres exóticas, de distintos sabores. Por su parte, el ratón confesó que tenía unas ganas locas de tener un bonito reloj como el del dueño de la gran casa.
Esa misma noche, la pulga, con sigilosos brincos, llegó hasta la cama donde descansaba un hombre. Al escuchar el tic-tac del reloj la pulga dudó:
–¿No será una bomba? –y prosiguió–: ¡No puede ser! ¡Ánimo! ¡Valor! ¡Al ataque!

La pulga cayó sobre su víctima y la atacó con gran velocidad; le picó en las piernas, en la panza y en los brazos, hasta que lo despertó.
Con gran escándalo, el hombre buscó a la autora de tales piquetes. En medio de un revuelo de cobijas, sábanas y almohadas, un reloj de bolsillo cayó al piso, sin que el furioso hombre se diera cuenta.
Renegando, reacomodó las cobijas, se calmó y volvió a dormirse.
 

¿Podrá el ratón quedarse con el reloj que cayó al piso? 
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José Antonio Zambrano, “La pulga aventurera” en La pulga aventurera y otros cuentos, Luis Jasso. ilus. México, SEP, 1987.
Lectura con 266 palabras
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