La rosa parlante

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La suave corriente las llevó a lo largo del recto túnel subterráneo, hacia el tenue círculo de luz de la salida, que se iba haciendo cada vez mayor.
Y cuando, al cabo de unos minutos, salieron del túnel, creyeron que estaban soñando. La luna llena brillaba alta en el cielo, y la corriente que las había llevado hasta allí se remansaba en un gran estanque circular, a cuyo alrededor crecía una abundante vegetación.
–No es posible! –Exclamó Bice–. ¡Se supone que estamos a cincuenta metros bajo tierra!
–Y la luna está llena! –señaló Lucía.
–¡Es verdad! ¡Y debería estar en cuarto menguante!
–A lo mejor hemos viajado en el tiempo.
–O a un universo paralelo…
Por su propio impulso, el bote llegó a la orilla y las niñas bajaron a tierra.
–Parece un jardín de otro mundo –susurró Lucía.
Los árboles y los arbustos, las flores y las bayas que crecían por todas partes, aunque vagamente familiares, eran diferentes a cuanto las niñas habían visto hasta entonces.
Avanzaron en silencio por el maravilloso jardín, y al cabo de unos minutos Bice dijo:
–¿No hueles a rosas?
–Sí, es verdad.
Siguieron el rastro del delicioso aroma, y poco después estaban ante un enorme rosal… Las niñas se quedaron extasiadas ante el gigantesco arbusto, que parecía en sí mismo un pequeño bosque florido, embriagadas por la exquisita fragancia que emanaba. De pronto Lucía apretó con fuerza el brazo de Bice y le dijo al oído:
–¡Aquella rosa nos está mirando!
Bice giró disimuladamente la cabeza, y lo que vio le cortó la respiración…
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Carlo Frabetti, “La rosa parlante” en El mundo inferior. México, SEP-SM, 2006.
Lectura con 262 palabras
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