Las naranjas iguales

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El río
El hombre vio el río y se entusiasmó por su belleza… El hombre tomó el río y se lo llevó a su casa, esperando que allá le ofreciese la misma belleza. Pero entonces su casa se inundó y el agua se llevó sus cosas.
El hombre devolvió el río a la llanura. Ahora, cuando le hablan de las bellezas que antes admiraba dice que no se acuerda. No se acuerda de las llanuras, de las grandes piedras, de los reflejos del sol y de la hierba verde y suave. Recuerda solamente su casa anegada y sus cosas arrastradas por la corriente.

Pueblo de la botella
Un hombre vivía en la botella de vidrio, y no era considerado una persona de bien. Los buenos eran los tranquilos, los que no se movían. Los que estaban inertes. El aire era poco y el valor consistía en moverse y respirar lo menos posible.
El hombre, por no seguir el ejemplo de los buenos de la botella de vidrio, fue expulsado. Y se sintió hundido en la vergüenza y la tristeza.
En el mundo fuera de la botella se movió libremente y se convirtió en uno de los buenos. Y se olvidó del mundo de donde había venido.
Un día, al pasar al lado de la pared de vidrio, vio la quietud de sus antiguos compañeros. Intentó convencerlos de salir de ahí. Gritó y habló de lo ridículo de aquellas actitudes. Pero ellos no se movieron. No le dieron respuestas. Continuaron quietos e inertes tal como se exigía dentro de la botella.

El árbol que pensaba
Era un árbol que pensaba. Y pensaba mucho. Un día lo trasladaron a la plaza en el centro de la ciudad. Le cayó bien esa atención. Se entusiasmó, creció, se agigantó.
Fue cuando vinieron los hombres y podaron sus ramas. El árbol se extrañó del hecho y corrigió su crecimiento pensando que la dirección de sus ramas era la causa del enojo de los hombres. Pero cuando nuevamente se agigantó los hombres volvieron y otra vez amputaron sus ramas.
El árbol quería satisfacer a los hombres al juzgarlos sus benefactores y dejó de crecer. Y como ya no creció, los hombres lo arrancaron de la plaza y pusieron otro en su lugar.

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Oswaldo Franca Jr., Las naranjas iguales. México, SEP-Nova Fronteira, 1997.
Lectura con 376 palabras
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