De la Tierra a la Luna, el vagón proyectil. Cap. XVIII

De la ierra a la luna, vagón proyectil

Julio Verne, el autor de esta lectura, fue un escritor francés que se especializó en la ciencia-ficción. En su novela De la Tierra a la Luna se anticipó un siglo a los cohetes espaciales.


Concluido el monstruoso cañón, el interés público se concentró en ese proyectil que transportaría, atravesando el espacio, a los tres atrevidos aventureros.
El presidente Barbicane pensaba entonces muy justamente que la forma del proyectil importaba poco, porque, después de haber atravesado la atmósfera en algunos segundos, su trayecto debía efectuarse en un absoluto vacío. La Comisión había adoptado la forma redonda para que la bala pudiese girar sobre sí misma y conducirse a su arbitrio.
Una compañía de Albany tuvo el encargo de ejecutarla sin demora. El proyectil, con las modificaciones requeridas, fue fundido el 2 de noviembre y enviado inmediatamente a Stone’s Hill por el ferrocarril del este.

 


El 10 llegó sin accidente al lugar de su destino. Miguel Ardan, Barbicane y Nicholl aguardaban con la mayor impaciencia aquel vagón-proyectil, en que debían tomar asiento para volar al descubrimiento de un nuevo mundo.
Fuerza es convenir en que el tal proyectil era una magnifica pieza de metal. Al verlo con sus formas imponentes y con su sombrero cónico encasquetado, cualquiera la hubiera tomado por una de aquellas macizas torrecillas, a manera de garitas, que los arquitectos de la Edad Media colocaban en el ángulo de las fortalezas. No le faltaban más que saeteras y una veleta.
Miguel Ardan pidió que se le permitiera ocuparse de su alhajamiento, para amueblarlo a su gusto, con todo el lujo que convenía a los embajadores de la Tierra que lo iban a tripular.
La petición le fue concedida porque Barbicane tenía otras preocupaciones.
Antes de pasar a lo agradable, el presidente del Gun-club había pensado en lo útil, y el procedimiento inventado por él para amortiguar los efectos de la repercusión fue aplicado con una inteligencia perfecta.
Barbicane se había dicho, no sin razón, que no habría ningún resorte bastante poderoso para amortiguar el choque, y durante su famoso paseo en el bosque de Skersnaw logró al cabo resolver esta gran dificultad de una manera ingeniosa.
El proyectil debía llenarse de agua hasta la altura de tres pies. Esta capa de agua estaba destinada a sostener un disco de madera perfectamente ajustado, que se deslizase rozando por las paredes interiores del proyectil, y constituía una verdadera almadía [balsa] en que se colocaban los pasajeros. La masa líquida estaba dividida por tabiques horizontales que, al partir el proyectil, el choque debía romper sucesivamente.

_____________________________________________________________
Julio Verne, De la Tierra a la Luna, Chile. México, SEP-Andrés Bello, 2006.

 

Lectura con 423 palabras.

_____________________________________________________________

 

_____________________________________________________________

Actividades interactivas divertidas de esta lectura

rellena huecosActividad 1.

Nos encontramos diseñando una actividad interactiva divertida para tí.

 

 


#Actividad 2.
Nos encontramos diseñando una actividad interactiva divertida para tí.

 

 


 

Design downloaded from free website templates.