Alimentándose de estrellas

Alimentándose de estrellas

Somos polvo de estrellas, han dicho muchos astrónomos en momentos de reflexión y misticismo… Y es que resulta espectacular descubrir que todo, absolutamente todo en nuestro universo está hecho del mismo tipo de partículas, que dichas partículas se asocian siempre de la misma manera para dar lugar a los elementos de que esta hecha la materia orgánica, ya sabes: carbono, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno; que tú y yo (y claro, los demás también) estamos hechos en buena parte de agua, y si la quitamos, más de cincuenta por ciento de lo que queda es carbono. ¿Y las estrellas qué?, preguntarás. Pues que ahí estuvieron alguna vez todas esas partículas que hoy forman los elementos, después de aquel famoso big-bang que dio origen al Universo.
Todo el Universo está hecho del mismo tipo de partículas.
Así que, al igual que las células de canguros, de ballenas, de tortuga, de gusano, de huitlacoche, de flor de calabaza, de levadura, de bacteria, de cerdo, de lo que tú quieras, nosotros estamos hechos de carbono, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno principalmente y, en menor proporción, de otros elementos como el azufre, el potasio, el calcio, el magnesio, etcétera.
¿Y a qué viene todo eso? A que para vivir hay que comer diariamente todas esas partículas, es decir, todos esos elementos que en su estado natural deben de saber a rayos, pero que afortunadamente los humanos los ingerimos por medio de deliciosos platillos. Porque vaya que hay diferencias entre adquirir el carbono de un filete de res y obtenerlo mordiendo el pedazo de carbono que utilizamos para asarlo…
De la misma manera en que podemos seguir el paso del carbono en nuestro ambiente y encontrarlo ya sea en el azúcar, en la madera, en la estructura de nuestras células o viajando entre las nubes como dióxido de carbono, también podemos seguirle los pasos al nitrógeno, otro elemento clave en la nutrición y en la vida. Cuando en casa te insisten en que hay que comer proteínas, puedes llevar la imaginación (la vista no te alcanzaría) hacia el interior de la tortilla, encontrar las proteínas y comprender que ahí hay más o menos seis por ciento de nitrógeno. Muchas especies vivas en el planeta competimos por las proteínas en nuestra alimentación. La mayoría de la gente prefiere las proteínas de origen
animal (las del filete de res, las del huevo de gallina o las de pescado, por ejemplo); sin embargo, son las más caras. En cambio, las del maíz, del trigo, del frijol, de la soya o del amaranto, son más baratas…

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Agustín López Munguía Canales, “Alimentándose de estrellas” en Alimentos. México, SEP-Santillana, 2007..

 

Lectura con 424 palabras.

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