La vida de un piojo llamado Matías

La vida de un piojo llamado matías

¡A poco los piojos tienen nombre! En esta lectura, sí.


Mis primeros pasos fueron en la nuca de un maquinista, porque yo nací ahí.
Los primeros once días de mi vida, que es lo mismo que decir mi infancia entera, los pasé montado en la cabeza del gigante que, a su vez, iba montado en un tren de mercancías y de vez en cuando atravesábamos alguna ciudad.
Aquel gigante se llamaba Matías. Como yo no tenía nombre, me pareció bien tomar el suyo. De esta manera, cuando alguien le preguntaba:
–Hola, Matías. ¿Cómo va eso?
Yo sentía con agrado que también me llamaban a mí. Y cuando él respondía:
–Pues aquí estoy tan tranquilo, rascándome como de costumbre la cabeza.
A mí me daba por pensar que era yo el que pronunciaba aquellas palabras.
Fuera de unos pocos remansos de tranquilidad, no he tenido una vida fácil. He viajado bastante, eso sí, y he visto lo que he visto.
La gente cree que los piojos sólo sabemos picar y tirarnos a la bartola entre una y otra picadura, pero no es verdad.
¡Cómo si no tuviéramos nuestros propios sentimientos!
Una espina he llevado siempre clavada en el corazón. Me refiero a la pena de no haber conocido padre ni madre.
La verdad es que extrañaba a mis padres, pero la verdad es que sólo aprendí que tenía que chupar un poco de sangre y la gente se queja de eso, cuando ellos lo que comen son gallinas, peces, cerdos enteros ¡hasta caracoles cocidos en salsa de tomate! Yo creo que, si nos comieran les sabríamos riquísimos porque a nuestro huevo le llaman liendres. La gente práctica esa forma rara de ponerle a las cosas nombres.
Mi liendre está pegada a la base de un pelo, cerca de la piel de la cabeza, porque claro, no estaría bien que uno, al nacer, corriese el peligro de darse un trancazo contra el suelo. Si vamos a eso, tampoco los seres humanos nacen en las copas de los árboles.
En la cabeza del maquinista predominaba el clima seco. Rara vez soplaba el viento.
El calor apretaba sobre todo cuando el gigante, encerrado en la locomotora del tren, se calaba su gorra de pana.
¿Se imaginan a los piojos pensando en lo que hacen los seres humanos? Mejor no traerlos en la cabeza.

_____________________________________________________________
Fernando Arámburu, Vida de un piojo llamado Matías. México, SEP-Tusquets, 2005.

 

Lectura con 389 palabras.

_____________________________________________________________

 

_____________________________________________________________

Actividades interactivas divertidas de esta lectura

rellena huecosActividad 1.

Nos encontramos diseñando una actividad interactiva divertida para tí.

 

 


#Actividad 2.
Nos encontramos diseñando una actividad interactiva divertida para tí.

 

 


 

Design downloaded from free website templates.