La bella Mérida

Mérida, Yucatán

Al llegar al puerto, Valeria y Pascal tomaron el autobús rumbo a Mérida. La estadía en la capital yucateca y el exotismo del México maya les hicieron darse cuenta de que, a partir de ese momento, penetraban en un universo apasionante, aunque lleno de incógnitas. El capitán Pothel les había dado una carta dirigida a Jorge Sánchez Ruíz, colega de sus padres, quien debía cuidarlos y ayudarlos en su búsqueda. Arqueólogo especialista en la cultura maya. Jorge conocía bien la historia y las leyendas de ese pueblo.
Era la tercera vez que los mellizos visitaban esa ciudad, por eso ahora se sentían seguros en ella. Durante los dos viajes anteriores, Pascal y Victoria habían aprendido algo de español.
Los jóvenes estaban decididos a encontrar a sus padres. No importaba lo que tuvieran que enfrentar, ni el tiempo que tuviera que pasar, pero no regresarían a Quebec sin ellos.
El éxito de la búsqueda dependería de su voluntad, y la suya era inquebrantable. Desde que tenían nueve años se habían esforzado por llegar a ser los mejores acróbatas de la escuela del Cirque du Soleil, y sin duda lo habían conseguido. La fórmula siempre había sido la misma: decisión y trabajo, y se proponían seguir esta receta para encontrar a sus padres. Los mellizos cumplirían trece años a finales de agosto; sin embargo, a tan corta edad, su madurez era sorprendente. La acrobacia les había enseñado a tomar decisiones rápidas a cada momento. Y es que, en este trabajo, la vida dependía de la inmediatez del movimiento, de un juicio a toda prueba y de un estado de ánimo positivo y siempre alerta.
Su madre. Dominique, había prometido volver antes del fin de curso. Sin embargo, desde hacía cuatro meses Denis y Dominique Ollassa no daban señales de vida. Los jóvenes estaban seguros de que pronto los volverían a ver, costara lo que costara. Llevaban los recursos suficientes, porque su tío Arnold les había dado el dinero necesario para que no se detuvieran en su búsqueda.
La última carta que habían recibido de sus padres provenía de Mérida. En ella, su madre confesaba su impaciencia por asistir a un congreso de arqueólogos en esa ciudad, para luego visitar los sitios arqueológicos de Uxmal, Kabah y Sayil, y finalmente el centro ceremonial de Kúl Ahau, el asentamiento maya recién descubierto cerca de Chichén Itzá;
después, ambos se proponían pasar algunos días en las playas de Cancún y de Cozumel. El último contacto que tuvieron con ellos fue una llamada telefónica, desde Sayil, la noche del 20 de marzo. Jorge Sánchez era un hombre de mediana edad, yucateco, pero más alto que el promedio de sus paisanos. Junto con los gemelos recorrería el itinerario de Dominique y Denis y, desde el principio, se mostró como digno de confianza…

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Viater Lefrancois, “La bella Mérida” en El misterio de la máscara de serpiente. México, SEP-Artes de México, 2003.

 

Lectura con 465 palabras.

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