Acoitrapa y Chuquillanto

Acoitrapa y Chuquillanto

Un día, las dos hijas del Sol pasaron cerca del rebaño de un pastor de llamas que se llamaba Acoitrapa. Era joven y hermoso. Tocaba la quena tan dulcemente, que hasta las flores más tímidas se abrían para asomarse entre las ramas de los árboles y escucharlo. Embelesadas por la música se acercaron para averiguar quién tocaba así. El pastor se deslumbró al verlas. Los tres conversaron y rieron despreocupados del paso del tiempo. Cuando se ocultó el Sol, las jóvenes, apenadas, tuvieron que despedirse: su padre, el Sol, les daba permiso para pasear en el valle, pero ¡ay de ellas si no llegaban a casa antes del anochecer! Chuquillanto, la mayor, se sintió más triste que su hermana; se había enamorado de Acoitrapa.
Llegando al palacio, Chuquillanto no quiso comer; corrió a su habitación para estar a solas, se echó, cerró los ojos, y recordando a su dulce pastor se quedó dormida. En sueños, vio un hermoso ruiseñor que cantaba suave y armoniosamente y ella le habló de su amor por el pastor y del miedo que tenía de que su padre pensara que un cuidador de llamas era poca cosa para una hija del Sol. El ruiseñor, conmovido por la pena de la joven le recordó que en palacio había cuatro fuentes de agua cristalina; si se sentaba en medio de ellas y cantaba lo que sentía en su corazón y las fuentes le respondían con la misma melodía, significaba que podría hacer su voluntad y que sus deseos serían cumplidos.
Cuando Chuquillanto se despertó, rápidamente se vistió y fue a los jardines del palacio. Allí estaban las fuentes, dando de beber a la mañana.
Chuquillanto, siguió las instrucciones del pajarillo: se sentó y comenzó a cantar una triste melodía. Las fuentes entendieron su pena y lo manifestaron cantando al unísono, consintiendo en ayudarla. Llamaron a la lluvia y le ordenaron que le transmitiera al pastor el cariño que Chuquillanto sentía por él.
La lluvia salió a raudales del palacio hacia la choza de Acoitrapa. Al encontrarlo, le bañó el corazón con la imagen de la joven. El pastor, con el pecho atravesado por el recuerdo de la muchacha, se puso a tocar su quena con tanta tristeza que hasta las frías piedras se conmovieron. Desalentado, comprendió que el Sol nunca permitiría que su hija
se casara con un pobre cuidador de llamas. ¡Qué cansada su alma de extrañar a Chuquillanto! Así, se quedó dormido con la quena apretada entre los dedos.
No puede ser. Estos dos enamorados merecen mejor suerte. El primero que encuentre el libro y lea esta historia nos tiene que contar a los demás qué es lo que pasa.

_____________________________________________________________
“Acoitrapa y Chuquillanto” en Cuentos y Leyendas de Amor para niños. México, SEP-CIDCLI-, 2004.

 

Lectura con 445 palabras.

_____________________________________________________________

 

_____________________________________________________________

Actividades interactivas divertidas de esta lectura

rellena huecosActividad 1.

Nos encontramos diseñando una actividad interactiva divertida para tí.

 

 


#Actividad 2.
Nos encontramos diseñando una actividad interactiva divertida para tí.

 

 


 

Design downloaded from free website templates.