El diablo con un solo cuerno

El rinoceronte

En un país de África, cerca de un gran río, había un lugar donde nadie quería vivir, porque todos tenían miedo. Alrededor de ese lugar vivían muchas personas que plantaban mandioca y plátanos. Pero en aquel lugar no había nadie: ni plátanos, ni mandioca, ni negros, ni nada. Todos tenían miedo de aquel lugar, porque allí vivía un animal enorme que rompía las plantas y mataba a todos los negros que encontraba. Los negros, a su vez, habían querido matar al terrible animal, pero no tenían sino flechas y las flechas no entraban en el lomo ni en los costados de esa bestia, porque allí el cuero es sumamente grueso y duro. En la barriga, sí, entraban las flechas, pero era muy difícil apuntar bien.
Una vez, un negro muy inteligente fue hasta cerca del mar y compró una escopeta que le costó cinco colmillos de elefante. Con esa escopeta quiso matar al animal, pero las balas de plomo se achataban contra la piel y entonces la fiera mató al negro con escopeta y todo, aplastándole la cabeza como si fuera un coco.
¿Pero qué animal era ése, tan malo y con tanta fuerza?
¿Ya se dieron cuenta? Claro, era un rinoceronte, que es el animal más rabioso del mundo y tiene casi tanta fuerza como un elefante. Por este motivo nadie quería ni acercarse al lugar donde vivía el rinoceronte.
Pero he aquí que una vez llegaron al país tres viajeros, tres hombres blancos, y quisieron vivir allí, para estudiar los animales, las plantas y las piedras del país, porque eran naturalistas. Estos tres hombres eran jóvenes y muy amigos, y se fueron a hacer una casa en el lugar donde vivía el rinoceronte. Pero los negros les rogaron que no fueran allá. Lloraban, asegurando a los tres amigos que el “diablo-con-un-cuerno” los iba a matar. Los hombres se echaron a reír, mostrándoles los fusiles que llevaban y las balas, que tenían en la punta como una camisa de acero durísimo y que tienen tanta fuerza que atraviesan el mismo fierro como si fuera queso. Pero los negros lloriqueaban y decían:
–No hace nada... Bala... no entra... No entra ninguna bala en su cuero... “diablo-con-un-solo-cuerno” no puede morir...
La tecnología cambia casi todo. Y sabemos que las balas de los europeos han cambiado el mundo... más de una vez.

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Horacio Quiroga, “El diablo con un solo cuerno” en Los cuentos de mis hijos. México, SEP-Alfaguara Infantil, 1992.

 

Lectura con 390 palabras.

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