¡A volar!

aviones, a volar

Desde tiempos muy lejanos, los hombres quisieron viajar por el aire. Como vuelan los pájaros con sus alas. O igual que las nubes, que flotan en el cielo.
Hubo un artista, cuyo nombre era Leonardo da Vinci, quien además de pintor era inventor. Él ideó y dibujó muchas aeronaves, algunas de las cuales tenían forma de pájaro. Pero nunca se decidió a construirlas, y menos a volar en una de ellas, pues otros que lo intentaron habían fracasado.
Pasó el tiempo, y otros hombres pensaron que sería mejor viajar en globos; y así comenzaron a diseñar y construir enormes esferas que llenaban con aire caliente o con gas, que son más livianos que el aire. De esta manera el globo se elevaba y era empujado por la brisa, de una a otra parte. Los hombres se introducían en una canasta que el globo tenía en su parte inferior, y así podían viajar por el cielo y mirar desde arriba a las otras personas que se quedaban en tierra. También desde lo alto podían verse las casas y los árboles, y hasta las torres de las iglesias y los tejados de los edificios. Y como los globos se confeccionaban con telas de colores muy llamativos, desde abajo era fácil distinguirlos.
El primer hombre que tuvo el valor de viajar en uno de esos aparatos fue un boticario francés. Su nombre es un poco largo y difícil.
Y aquí, en México, ¿sabes quiénes fueron los precursores? Nuestros historiadores dicen que el primer vuelo en globo realizado por un mexicano ocurrió en 1842. El aeronauta se llamaba Benito León Acosta, y cobraba un peso a cada uno de los espectadores que iban a verlo volar.
El principal problema de los globos era que no podían manejarse con facilidad y muchas veces, en vez de trasladarse en la dirección que los hombres deseaban, el aparato iba hacia donde el viento lo empujaba. Entonces, como los hombres no estaban dispuestos a dejarse gobernar por los caprichos del viento, inventaron otra clase de aeronave. Era como un globo gigante, pero alargado. A ese aparato se le colocó un motor y un timón para dirigirlo en el rumbo deseado, a pesar de la dirección del viento. Por eso se le llamó dirigible. Pero los hombres seguían con sus ideas de poder volar como las aves.
Y pensaban: Los pájaros son más pesados que el aire, sin embargo, se pueden remontar por el cielo a grandes alturas y desplazarse a gran velocidad. ¿Por qué no los hombres? El primero en volar en un aparato más pesado que el aire, pero con alas, igual que los pájaros, fue el alemán Otho Lilienthal. Él fabricó una extraña nave que se elevaba impulsada por la fuerza del viento y se sostenía en el espacio durante un tiempo muy breve: se le llamó planeador. Después vinieron muchos más. Algunos tuvieron éxito en sus pruebas. Otros fracasaron.
Hasta que, por fin, hicieron su aparición los hermanos Wright, norteamericanos. Ellos decidieron colocar al planeador un motor que lo impulsara con más fuerza. Y así lograron recorrer con ese aparato una distancia de 250 metros en un minuto.
A partir de ese momento, los hombres comprendieron que ya podían viajar por el aire como las aves. Y llamaron aviones a esos aparatos. Pronto, en todos los países comenzaron a construirse aviones, con los cuales empezaron a realizar viajes. Cada vez más difíciles, cada vez más largos, cada vez más rápido.

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Francisco Fernández, “¡A Volar!” en Arte, Ciencia y Técnica III. México, SEP-CONAFE, 2000.

 

Lectura con 575 palabras.

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