Las cartas de Alain

Las cartas de Alain

He vuelto a soñar con Alain.
Sí. Estábamos jugando en la playa, cuando hasta la orilla se acercó un barco muy grande. Era igual a los barcos esos de los vikingos, que tenían una gran cabeza de dragón con la boca abierta y mostraban una mirada furiosa.
Alain y yo nos quedamos quietos como estatuas, esperando quizás que se bajaran del barco los famosos vikingos, que tan mala fama tienen por las películas que de ellos hemos visto.
Los vikingos fueron grandes piratas de los mares del norte. Inquietos navegantes, invencibles, a nada le temían. Dominaban los secretos del océano y, con sus enormes naves de remos y velas de colores, se alejaban de los mundos conocidos para irse muy lejos.
Esperamos y esperamos, pero del barco no salió ningún vikingo.
Entonces, ocurrió algo muy raro. Algo que en el sueño yo no podía explicarme y que ahora, cuando lo recuerdo, todavía no consigo entender.
Sin que mediara una palabra entre nosotros, Alain se fue caminando hacia la orilla del mar. De un salto llegó a la borda del barco y entonces éste, con el balanceo de las olas, se fue alejando suavemente de nuestras costas.
Desde la cubierta, Alain me decía adiós, con una extraña mirada.
Pero entonces, yo sentía algo a mi lado y ahí también estaba mi amigo Alain, diciéndole adiós al Alain que se iba en el barco.
Aunque estaba soñando, yo sabía que eso era algo completamente imposible. ¿Cómo iban a existir dos Alain: uno que se iba, otro que se quedaba conmigo?
Todavía no consigo explicármelo.
Hoy, cuando regresaba de la escuela, me encontré con Nico, otro de la pandilla, que venía del mar con su abuela.
También Nico es uno de mis mejores amigos. Él es negro como la noche y de ojos grandes y muy oscuros y se sabe muchísimos cuentos. Yo sé que, algún día, Nico será escritor, como mi padre.
La abuela de Nico, que es una anciana que siempre anda con un puro en los labios y parece más vieja que el fin de los tiempos, siguió su camino, y Nico se quedó conmigo, conversando en la acera.

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Enrique Pérez Díaz, Las cartas de Alain. México, SEP-Alianza Editorial, 2004.

 

Lectura con 359 palabras.

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