El puercoespín y el invierno

El puercoespín y el invierno, lectura para niños de quinto grado

Hoy vamos a leer un mito. Un relato que cuenta el origen de algo. En este caso, el origen de la duración del invierno. Es un mito de una etnia india de Norteamérica.
El mundo estaba recién creado. El cielo y las estrellas, la tierra y los mares ocupaban ya su lugar. Los espíritus lo habían creado todo; sólo faltaba definir las estaciones del año.
Tres animales estaban reunidos para tomar esa decisión: el castor, el puercoespín y el cuervo. Empezaron a discutir sobre las estaciones. Al castor le gustaba mucho el frío.
–El invierno es la estación más hermosa –dijo–, por eso durará tantos meses como rayas tiene mi cola.
Las rayas de su cola eran ocho. La idea de un invierno tan largo hizo temblar a los otros dos, que odiaban el frío. Por eso no iban a dejar que el dientón se saliera con la suya. El puercoespín levantó la mano y gritó:
–¡El invierno no puede ser tan largo! ¿Quieres que todo el mundo muera de frío? ¿Quién podrá resistir tanto tiempo? ¡Nadie! Será de cinco meses porque cinco son los dedos de mi mano.
El castor se enfureció al oír al puercoespín; con voz tremenda contestó:
–Si eso quieren, ¡acepto el reto! El más valiente decidirá la duración del invierno. ¿Cómo van a demostrarme que ustedes son más valientes que yo?
El cuervo se espantó con los gritos del castor, se hizo el disimulado y volteó hacia el puercoespín, a ver si contestaba. El puercoespín no contestó, se erizó todo, se puso las manos en la boca y con los dientes se arrancó un dedo de cada una sin demostrar dolor. Levantó otra vez la mano diciendo:
–No durará cinco meses, durará cuatro porque ahora son cuatro los dedos de mi mano.
El castor aceptó su derrota: el puerco espín había demostrado su valentía y había ganado el derecho a decidir. Por eso el invierno dura tantos meses como dedos tiene el puerco espín en la mano. Pero ahí no termina esta historia. El puercoespín mandó al cuervo con los hombres para decirles que al final de cada invierno debían reunirse a contarse adivinanzas, y que si las resolvían correctamente, ese invierno sería más corto.
Por eso la gente de los bosques sigue reuniéndose cuando llega la fecha y en medio de sus inmensos bosques nevados se sientan a resolver adivinanzas. Y si tienen suerte y conocen las respuestas, a veces la primavera llega antes de tiempo, para mayor derrota del castor.

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Federico Navarrete, “El puercoespín y el invierno” en Hijos de la primavera: vida y palabras de los indios de América.
Felipe Dávalos, ilus. México, SEP-FCE, 2001.

 

Lectura con 418 palabras.

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