Una niña de tu tamaño

Una niña de tu tamaño, lectura para niños de quinto grado

Érase una vez una niña. No era una niña de este tamañito. Pero tampoco era una niña de este tamañón. Era una niña así, más o menos de tu tamaño. Su problema era que no lograba saber a ciencia cierta cuál era su verdadero tamaño. A veces mama decía:
–Helena, ya estás demasiado grande para hacer esas cosas. ¿Cuándo se ha visto que una niña de tu tamaño llegue a la casa tan sucia por estar jugando en el pasto? Ve a bañarte.
Así era cuando le decían que estaba muy grande.
Pero a veces papá también decía:
–Helena, todavía estas demasiado chiquita para hacer estas cosas. ¿Cuándo se ha visto que una niña de tu tamaño juegue en una rama tan alta del árbol? Bájate porque te puedes caer.
Entonces Helena se sentía que era un bebé incapaz de hacer las cosas ella sola.
Eso le pasaba a diario. Cuando tenía que ayudar a sembrar, era muy grande. Pero a la hora de bañarse en el río y nadar en lo hondo, era muy pequeña. Cuando los grandes se quedaban de noche conversando en el patio hasta tarde, era pequeña y tenía que irse a dormir. Pero si se lastimaba el pie con una espina y quería llorar en las piernas de alguien, para que la consintieran y la mimaran, siempre le decían que ya estaba muy grande para ser tan caprichosa.
Si hubiera tenido un espejo mágico, como el de la madrastra de Blanca Nieves, le habría preguntado:
–¡Espejito, espejito, de qué tamaño soy yo?
Pero no tenia espejo mágico. Ni siquiera era fácil mirarse en un espejo no mágico. En su casa sólo había un espejo, pequeño y muy alto, sobre la pila. Apenas alcanzaba a verse un pedacito cada vez, y eso, cuando alguien la alzaba. Se veía la cara, el cuello, las manos. Pero la rodilla, el pie, las piernas, sólo los podía ver si se miraba hacia abajo, sin espejo. Y nunca se había visto la espalda.
A veces pensaba que era pequeña adelante y grande atrás. O grande adelante y pequeña atrás. O que tenía un tamaño a cada lado: por eso todos la veían de una manera distinta, dependiendo del pedazo que estuvieran mirando. Pero ella se tocaba, se golpeaba, se miraba y se daba cuenta de que así no era. Grande o pequeña, sólo tenía un tamaño, estaba segura de eso. Pero no sabía cuál de los dos.
¿Alguno de ustedes se identificó con Helena?

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Ana María Machado, “Una niña de tu tamaño” en Del tamaño justo. México. SEP-Norma, 2005.

Lectura con 414 palabras.

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