Sadako y las mil grullas de papel

Sadako y las mil grullas de papel

Sadako nació para ser una gran corredora. Su madre solía decir que la niña había aprendido a correr aun antes de saber caminar.
Una mañana de agosto de 1954, Sadako se despertó, se vistió de prisa y salió corriendo a la calle. El sol de la mañana reflejaba mechas de color castaño rojizo en su pelo negro. No había ni una sola nube en el cielo azul, lo cual era una buena señal. Sadako siempre buscaba señales de buena suerte.
En la casa, su hermana y sus dos hermanos todavía dormían plácidamente. Sadako se acercó a su hermano mayor, Masahiro, y le dijo:
–¡Despiértate, holgazán! Hoy es el Día de la Paz.
Masahiro protestó entre bostezos. Quería seguir durmiendo, pero, como a la mayoría de los muchachos de catorce años, no le faltaba el apetito. Apenas le llegó el rico olor de la sopa de verduras, se levantó. Mitsue y Eiji lo hicieron poco después. Sadako entró como un torbellino en la cocina, gritando:
–Mamá, ¡me muero de ganas de ir al carnaval! ¿Está listo el desayuno?
Su madre estaba cortando los rábanos para servirlos con el arroz y la sopa. Se detuvo, miró a Sadako severamente y le dijo:
–Tienes once años. Ya eres suficientemente grande para saber que hoy no es carnaval. Todos los años, el 6 de agosto recordamos a los que murieron cuando la bomba atómica cayó sobre nuestra ciudad. Hoy es un día conmemorativo.
El señor Sasaki entró en ese momento por la puerta de atrás.
–Así es –dijo–. Sadako chan, debes ser más respetuosa. Tu propia abuela murió ese horrible día.
–Pero yo respeto a Oba chan –se excusó Sadako–. Todas las mañanas rezo por su espíritu. Lo que sucede es que hoy me siento contenta...
–Por cierto, es hora de rezar –dijo su padre.
Sadako bajó la cabeza al instante. Mientras su padre hablaba, ella se entretenía moviendo los dedos de los pies. El señor Sasaki rezó para que los espíritus de sus antepasados hubiesen encontrado la paz y la felicidad. Dio gracias por su peluquería y por los hijos tan buenos que tenía. Y rogó para que su familia fuese protegida de aquella enfermedad tan terrible, producida por la bomba atómica, que se llamaba leucemia.

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Eleanor Coerr, Sadako y las mil grullas de papel. México, SEP-Everest, 2003.

 

Lectura con 375 palabras.

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Nota del webmaster: Si deseas saber un poco más de Sadako puedes dar click en este enlace para leer en wikipedia la biografía de esta valiente niña: http://es.wikipedia.org/wiki/Sadako_Sasaki

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