El hombre lobo

Hombre lobo

Hace más de mil años, durante el reinado de Egberto el Sajón, vivió en Bretaña una hermosa joven que se llamaba Isolda.
Todo mundo admiraba su bondad y su belleza. La muchacha tenía multitud de pretendientes. Pero, Isolda había entregado su corazón al conde Haroldo, un joven apuesto y valiente que amaba a la bella Isolda más que a su propia vida y con la que pronto iba a contraer matrimonio.
Pero había otro hombre, llamado Alfredo, que estaba locamente enamorado de la muchacha. Alfredo era el lugarteniente de Haroldo, y sentía unos celos terribles de su señor. Un día lo vio ensimismado, pensando. Se acercó a él y le dijo:
–Veo que está usted preocupado, señor conde, y me atrevería a decir que es por el retraso de su boda con Isolda. No entiendo por qué no se decide usted a casarse de una vez. ¿Acaso lo retiene la maldición del viejo Sigfrido?
–¿Qué sabes tú de mi abuelo? –preguntó Haroldo.
–Lo que cuenta la gente –contestó Alfredo–. Pero, ¿por qué palideció usted ante la sola mención de su abuelo?
–Cuando era pequeño –dijo Haroldo–, mi abuela me contó unas historias que quedaron grabadas en mi mente para siempre.
Su abuelo, había sido un hombre cruel y violento, sobre el que había caído una terrible maldición. Se contaba que un espíritu diabólico se había apoderado de él y lo obligaba a ejecutar actos atroces. La leyenda decía que la maldición caería sobre sus descendientes.
El espíritu del viejo conde había permanecido adormecido durante casi un siglo, pero en cualquier momento podía despertar en la sangre de su nieto Haroldo. Algo más que había quedado de la leyenda del viejo era una extraña arma que le había regalado una hechicera: una lanza corta de acero, que conservaba intacto su brillo original, a pesar del paso de los años. Se decía que su punta jamás podría perder el filo.
Isolda, que amaba ciegamente al conde, aceptaba de buen grado todos sus pretextos, pero las escapadas de Haroldo eran cada vez más frecuentes y prolongadas, por lo que la muchacha pensó que su amado podría estar cortejando a otra mujer.
Por las mismas fechas, una horrible bestia había comenzado a asolar la comarca. Las gentes decían que se trataba de un hombre lobo que devoraba a sus víctimas en las noches de luna llena. Decían que tenía aspecto humano durante el día, pero cuando se ocultaba el sol se transformaba en un lobo y sembraba el terror por donde pasaba.

_____________________________________________________________
Eugene Field, “El hombre lobo” en Steven Zorn (comp.), Relatos de monstruos. México, SEP–Limusa, 2004.

 

Lectura con 420 palabras.

_____________________________________________________________

 

_____________________________________________________________

Actividades interactivas divertidas de esta lectura

rellena huecosActividad 1.

Nos encontramos diseñando una actividad interactiva divertida para tí.

 

 


#Actividad 2.
Nos encontramos diseñando una actividad interactiva divertida para tí.

 

 


 

Design downloaded from free website templates.