Trabalenguas

trabalenguasUn día, los amigos de Derek, que se habían reunido en su casa para jugar y divertirse, se quedaron sin televisión y computadora y menos aún, video juegos, porque se apagó la luz y entonces todos se inquietaron pensando que se iban a aburrir si no tenían en qué entretenerse, y como ya era tarde, a punto de anochecer, tampoco podían salir al jardín a jugar futbol o subirse al brincolín o andar en bicicleta.
–¿Qué vamos a hacer?
–Preguntaron.
–Juguemos a las adivinanzas, dijo uno.
Y el otro respondió:
–No, ya me las sé todas.
–A ver, ¿quién se sabe más canciones?
–No, yo no me sé ninguna.
–Ya sé,– dijo Derek–, ya sé: ¡a los trabalenguas!
–¿Cómo es eso? –dijo un niño que no los conocía.
–Como poco coco como, poco coco compro– le dio una probadita Derek–.
A ver, repite.
Y el niño no pudo porque no estaba acostumbrado a desenredar la lengua de esa manera.
–Yo me sé éste, dijo otro niño:


Pablito clavó un clavito
en la cabeza de un calvito.
En la cabeza de un calvito
un clavito clavó Pablito.


Y aunque los niños trataron de repetirlo, la lengua se les atoró a algunos entre los dientes, pero pudieron destrabarla, aunque de ahí en adelante, como los trabalenguas se volvieron más complicados, se les empezó a enredar la boca.
–A ver, repitan éste –Recordó Derek uno que le había enseñado su abuelo:


Tres grandes tigres tragaban
tres gruesos trozos de grasa
y tres hombres los buscaban
con ganas de darles caza.
Tres tristes tigres tragaban
trigo en un trigal.
En tres trastos trozados
tres tristes tigres
trigo trillado tragaban
de un trigal,
tigre tras tigre
tigre tras tigre
tigre tras tigre.


Uno de los niños que intentó repetir lo que Derek decía, ya no pudo volver a hablar porque la lengua se le trabó entre una lengua y un colmillo, y al tratar de sacarla se le volteó totalmente y le tapó la boca.
Porque algunos trabalenguas son capaces de enredarse para siempre en la boca y ya no le permiten al que se equivoca recuperar su lengua. Así que hay que empezar poco a poco a entrenarse.
Conviene empezar, por ejemplo, con “Abracadabra, patas de cabra”, o bien con:


Erre con erre cigarro,
erre con erre barril
rápido ruedan los carros
cargados de azúcar del ferrocarril.


Una vez entrenada de esa manera, tal vez la lengua pueda salir sana y salva de algo más difícil:


Poquito a poquito
Copete empaqueta
poquitas copitas
en este paquete.


Y ya en esas condiciones, atreverse a repetir:


Érase una vieja
teca, meca, chiribingorda,
vieja y sorda.
Si la vieja no hubiera sido
teca, meca chiribingorda,
vieja y sorda,
tampoco sus hijos hubieran sido
tecos, mecos chiribingordos,
viejos y sordos…

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Héctor Anaya, “Trabalenguas” en Cuenta, cuenta, México, SEP–Castillo, 2003.

 

Lectura con 464 palabras.

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