El arte de construir

El arte de construir

Para la Primera Exposición Universal, que se celebra en Londres en 1851, el príncipe Alberto, esposo de la famosa reina Victoria, desea que se construya el edificio más grande del universo. Pero ni el tiempo ni el dinero permiten que se edifique con semejantes proporciones en ladrillo o en piedra. Se recurre entonces a un antiguo jardinero, Joseph Paxton, que ha diseñado unos invernaderos para albergar plantas de flores gigantescas que flotan en el agua.
Paxton propone un armazón de metal con cristal. Esa catedral transparente de medio kilómetro de largo se monta en Hyde Park. La revista humorística Punch llama, en tono de burla, “Crystal Palace” (Palacio de Cristal) a este edificio. Y así se sigue llamando.


Rascacielos con esqueletos de acero
Tras las vallas, las excavadoras cargan la tierra en camiones. Una vez terminada la excavación, se hacen los cimientos del rascacielos. Luego se fabrican los pilares y los suelos colando concreto en las cimbras de madera, que contienen una armadura metálica. Las grúas, altas como jirafas, suben los materiales. Una vez terminado el esqueleto del edificio, éste se reviste con una piel de vidrio, de metal o de concreto.


Los rascacielos alcanzan cada día mayores alturas
La cima de algunos de estos edificios es tan alta que se balancea por efecto del viento. Un edificio de 300 metros de altura se puede desplazar 1.20 metros en la cima, causando a los ocupantes de los últimos pisos... ¡un buen mareo!


Un hogar sobre una cascada
“La verdadera arquitectura es poesía; un edificio es el más bello poema si mitiga las tensiones de la vida cotidiana dándole más valor, más sentido”, decía Frank Lloyd Wright. Este gran arquitecto norteamericano construye en 1936, en Pensilvania, una casa célebre en el mundo entero “Falling Water” (Casa de la Cascada). Tejados y terrazas se confunden, extendiéndose horizontalmente por el bosque.
Esta vivienda, con sus losas de concreto armado, que dominan osadamente la cascada, constituye una hazaña técnica. Cuando llegó el momento de quitar las cimbras, los albañiles temieron que el edificio se derrumbara. El arquitecto agarró entonces un pico y liberó el hormigón de su molde de madera. ¡Y la casa se mantuvo en pie!

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Béatrice Fontanel, El arte de construir. México SEP–Yolihue, 2004.

 

Lectura con 363 palabras.

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