El cumple muertes -Primera parte

El cumple muertes

Le gustaría poder recordar todo cuanto había hecho el día en que recibió la primera carta, pero hacia ya tanto tiempo que se le escapaban muchísimos detalles. Tampoco tenía ahora tanta importancia aquello. Lo ya pasado se iría con él para siempre; aciertos y errores formaban un todo indivisible que se llamaba pasado inamovible. Debería concentrar todas sus fuerzas en el tiempo que le quedaba por delante, y mucho más ahora que creía que ya le quedaba poco. Aquella mañana había recibido por tan extraño correo el mismo sobre sin remitente que le había llegado tal día como hoy del año pasado y del anterior. Era un sobre de los que se llamaban de luto, con una tira negra alrededor. Dentro, orlada igualmente de negro, una tarjeta y, atravesándola todo el texto “¡Feliz cumple muertes!” Abajo, en el ángulo derecho, la fecha.
Era el tercer año en que recibía esta tarjeta y sabía bien que ya no le quedaban más.
Todo había comenzado un día en el que al llegar a casa retiró del buzón un sobre que ya le había resultado extraño. Le traía recuerdos de la infancia, tanto porque era de luto, como por su propia textura. Era de los llamados de tela, que tenían efectivamente un tacto como de tejido fino. Lo abrió, y dentro, en papel de luto, pudo leer un texto escrito con letra bien formada, inclinada hacia la derecha y algo cursi en los trazos que subían y bajaban, y que decía:
Distinguido señor:
De la misma manera que la gente felicita a los amigos cuando cumplen años del día en que nacieron, le envío mi felicitación porque hoy es el aniversario del día en que va a morir. Le parecerá una broma, pero puedo asegurarle que no lo es. Se perfectamente que usted morirá un día como hoy (permítame que no le diga aún de que año, todo llegará). Sé que al principio esto podrá parecerle una mala noticia, pero una vez que usted se reponga de la sorpresa inicial y medite un poco, se dará cuenta de que esto es un privilegio, más que otra cosa, porque le permitirá poder hacer una preparación que a pocos les está permitida, ya que los hombres viven como si nunca fuesen a morir. Nada hay tan cierto y seguro para el hombre como la muerte; por tanto, cualesquiera otro acontecimiento que nos pueda suceder son mucho más ajeno a nosotros.
Permítame, pues, que me despida por ésta de usted, deseándole un feliz día de su cumple muerte..

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Xabier Puente Docampo, Cuando de noche llaman a la puerta. México, SEP–Anaya, 2008.

 

Lectura con 422 palabras.

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