Los espíritus con aspecto de zorro

Espíritus con aspecto de zorro

Había un pueblo en Japón donde todo el mundo creía que los zorros eran seres mágicos en quienes habitaban espíritus que disfrutaban engañando a las personas. El único que no lo creía era un hombre llamado Tokutaro, un ser repugnante que aprovechaba cualquier oportunidad para poner en ridículo las creencias de sus vecinos.
–Aunque fuera verdad que los espíritus viven en el cuerpo de los zorros, nunca conseguirían tomarme el pelo –alardeó este personaje.
Finalmente sus compañeros se hartaron de sus burlas y lo desafiaron.
–Si pasas una noche entera en los campos donde viven los espíritus con aspecto de zorro y no te sucede nada, te obsequiaremos durante un año con todo el vino y la comida que necesites –le dijeron–; pero si te ocurre algo y los zorros te engañan, entonces nos tendrás que pagar tú a nosotros.
Tokutaro aceptó el reto.
–Voy a pasar el mejor año de mi vida –dijo, y partió de inmediato a ganar su apuesta.
Al anochecer Tokutaro llegó a un bosquecillo de bambú que se estremecía y susurraba al son del viento. Vio cómo un zorro entraba en el bosquecillo y poco después vio salir a una joven, por lo que se preguntó si sería posible que al fin y al cabo los aldeanos tuvieran razón.
Las sospechas de Tokutaro habían empezado a despertarse, así que siguió a la muchacha buscando en vano la cola de un zorro. Poco después, la joven llegó a una minúscula casa de madera plantada en un corral lleno de esqueletos de pollo y de otras pequeñas criaturas que a los zorros les resultaban sabrosas. Fueron los huesos más que ninguna otra cosa los que convencieron a Tokutaro de que había estado siguiendo a un espíritu con aspecto de zorro.
Tokutaro aguardó a que la joven saliera, pero la espera acabó con su paciencia y entró bruscamente en la casa, donde halló a la muchacha y a sus padres junto a la chimenea.
Cuando le dijo a los sobresaltados padres de la joven que su hija era en realidad un zorro disfrazado, éstos intentaron echarlo de la casa, pero no pudieron competir con Tokutaro, quien los apartó de su camino y con un golpe derribó a la joven.
–¡Muéstrate tal y como eres en realidad! –gritó, saltando sobre la muchacha y moliéndola a patadas; su rabia era tal que acabó por matarla y, aun así, no se produjo ninguna transformación.


Ese hombre era una bestia, ¿no creen? ¿Quedará su crimen sin castigo? Al rato que salgamos voy a buscar el libro, porque quiero saber qué pasó.

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Brian Patten, El gigante de la historia. México, SEP–Océano, 2004.

 

Lectura con 430 palabras.

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