El cedaceroel cedacero.

Vamos a leer, para comenzar el día, algo cortito, divertido e interesante. Hoy será uno de esos cuentos que van pasando de generación en generación. Capaz que algunos de ustedes ya lo conocen.
Este cuento que les voy a contar me lo contaron mis grandes ¡y a ellos ya se los habían contado!
Trata de un hortelano que tenía tres hijos y una huerta muy grande donde cultivaba toda clase de árboles frutales… todo lo que puede caber en una huerta.
Los tres niños llevaban a vender la fruta cada semana al mercado del pueblo y con lo que ganaban vivían todos felices.
Pero ahí tienen ustedes que un día, camino del mercado, se encontró el niño mayor a un viejecito que luego que lo vio le dijo: –Buen niño, dime, ¿qué llevas en tu costal?
Y el niño de malcriado le contestó: –¡Piedras!
–¡Pues piedras se te volverán! –le dijo el viejecito.
Y como les voy diciendo, pasó el segundo de los hijos del hortelano y como al primero, el viejecito le preguntó: –¿Qué llevas en tu costal, buen niño?
–¿Qué he de llevar? ¡Piedras! –le contestó el niño.
–¡Pues piedras se te volverán! –le dijo el viejecito.
Pasó luego el niño menor y al preguntarle el viejecito que era lo que llevaba, el niño le contestó:
–¡Naranjas!
–¡Pues oro se te volverán! –le dijo el viejecito– así fue, pues cuando los niños llegaron al mercado y quisieron poner su puestecito, el niño mayor no encontró más que piedras en su costal; lo mismo le pasó al segundo; en cambio, cuando el niño menor abrió su costal encontró en vez de naranjas puras onzas de oro.
Entonces, ¡que cierra el costal! y coge camino para su casa.
Cuando llegaron del mercado los dos hermanos mayores, el hortelano les pidió los centavos de la venta y los niños tuvieron que contarle el castigo que habían recibido del viejito, por mentirosos.
Estando en esas llegó el niño menor.
El costal que traía sonaba que parecía música y al abrirlo, para entregarle a su padre el dinero, rodaron tantas onzas de oro que no pudieron contarlas.
Por lo que desde entonces los dos hermanos mayores quedaron muy resentidos.
Y ahí los dejamos con su sentimiento.
Una historia donde al bueno le va bien, y a los majaderos les va como en feria.

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Teresa Castelló Yturbide, “El cedacero” en Cuentos de Pascuala. México, SEP-FCE, 1997.

 

Lectura con 390 palabras.

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